Óscar Álvaro Montes de Oca
Humberto Musacchio
Para cualquier persona que viaja de Sudamérica al Distrito Federal hay un peligro que conocen muy bien las autoridades mexicanas. Ocurre que en el punto de embarque o en alguna escala, empleados aeroportuarios o policías pueden abrir su equipaje y extraer objetos de valor o de plano cambiar la maleta del viajero y endilgarle una que contenga drogas.
Esto último le sucedió a Óscar Álvaro Montes de Oca, joven mexicano que regresaba de Buenos Aires después de reunirse con amigos que hizo durante sus estudios en la Universidad de Quilmes. Para su desgracia, en el aeropuerto de Ezeiza abordó una aeronave de la empresa Avianca para un vuelo que hace escalas en Lima y Bogotá.
Al llegar a México, su maleta nunca apareció en la banda de equipaje y al ir a reclamarla fue detenido por policías aduanales que sin más trámite le atribuyeron la propiedad de una mochila cargada con 20 kilos de cocaína. Como es costumbre, estuvo incomunicado durante 12 horas y fue hasta la madrugada del día siguiente cuando le permitieron hacer una llamada telefónica.
Sin la mínima averiguación, como suelen proceder todas las corporaciones policiacas, el joven fue remitido a la Subpocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (ni más ni menos) que dio por bueno el dicho de los genízaros y que por supuesto lo llevó ante un juez de esos que condenan sin ver y lo mandó a prisión, al penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit, lejos de amigos, familiares y gente que lo pudiera ayudar.
Lo canallesco del asunto es que el joven se embarcó con una maleta que no apareció y a los policías aduanales, con la inteligencia que los caracteriza, no se les ocurrió nada mejor que endilgarle la propiedad de algo que no era del muchacho, pero que inevitablemente lo inculparía, como ocurrió para vergüenza de la subprocuraduría mencionada y del indolente juez que lo refundió en la cárcel. ¡Y qué cárcel!
Óscar Álvaro Montes de Oca se tituló con honores en la Universidad Autónoma del Estado de México, institución que en buena hora ha decidido tomar la defensa del joven ante lo descabellado de las acusaciones y de todo el torpe y absurdo procedimiento policiaco y “jurídico” seguido hasta ahora. El propio rector, don Jorge Olvera, fue quien ofreció apoyo jurídico al brillante exalumno.
La defensa está en espera de los videos de Ezeiza donde se vea el tipo de maleta que depositó el joven Montes de Oca, lo que quizá —quizá, porque con la “justicia” mexicana nunca se sabe— sería suficiente para exonerar al ahora acusado. Lo terrible es que hay muchos jóvenes como él, incriminados falsa o interesadamente por la policía, y tanto el Ministerio Público como los jueces obran como zombies, como autómatas que destrozan vidas ajenas. Eso es lo peor.
