Agotamiento y crisis de partidos
Alfredo Ríos Camarena
La forma en que se desarrolla la democracia contemporánea es a través del sistema de partidos, que teóricamente representa diversas corrientes ideológicas que tienen por objetivo alcanzar y mantener el poder; no obstante, éste sistema está agotándose por las crisis que le genera su representatividad, que cada día se aleja más de la ciudadanía y de los pueblos que pretende representar.
México no es la excepción, los partidos políticos han abusado del sectarismo, del verticalismo y algunos hasta de la corrupción; sus dirigencias y comités centrales se han convertido en verdaderas camarillas cerradas, que entienden a la disciplina partidaria como la sumisión abyecta: si el ciudadano no está cerca de estos grupúsculos no tiene ninguna posibilidad de obtener candidatura alguna; agregado a esto, los gobernadores de los estados ejercen poderes virreinales, ponen y quintan candidatos, influyen en el proceso electoral y, lo más grave, generalmente se equivocan, especialmente en su propia sucesión, pues cada día la calidad de los gobernadores responde al principio de Peter , claro está que con notorias excepciones.
Frente a estas circunstancias la reforma constitucional que abrió la puerta de las candidaturas independientes, para respetar el derecho constitucional que tienen los ciudadanos de votar y ser votados, provocó una fuerte llamada de atención al sectarismo partidario; por eso, el pueblo aplaudió los triunfos electorales de diferentes candidatos independientes a distintos cargos de elección popular, donde se distingue la gubernatura del poderoso estado de Nuevo Leon que, frente al asombro de tirios y troyanos, quedó en manos del carismático ingeniero Jaime Rodríguez El Bronco.
Por ello, el presidente de la república, jefe nato de su partido, avizoró la integración de un PRI que corresponda a las expectativas de las nuevas generaciones, hoy tan alejadas del poder, a pesar de tener un mandatario joven. No sólo debe renovarse el partido sino su forma de hacer política.
La democracia interna que alguna vez intentó don Carlos Madrazo, debe ser un objetivo que le dé una renovación a éste instituto político, también se requiere una definición ideológica que pueda explicar cómo –sin violentar los paradigmas revolucionarios— se puede avanzar hacia la modernidad.
El nuevo líder del PRI no sólo debe ser joven, sino con experiencia electoral, con convicción política y doctrinaria y con capacidad operativa; no son muchos los que reúnen estos requisitos en el priísmo actual, la brújula señala claramente hacia el norte.
Los otros partidos están obligados a cambiar y no se ve como: el PAN en la elección de su nuevo presidente vuelve a caer en la vieja trampa autoritaria y sin duda el joven Anaya será su presidente, joven sí pero anclado en la decrepitud de muchos de los que lo apoyan.
El PRD está en uno de sus momentos más críticos, por la votación que fue inferior a la que había logrado históricamente, lo cual se explica por la mutilación que sufrió con la salida de su exlíder Andres Manuel López Obrador y las renuncias de Cuauhtémoc Cárdenas, Encinas y otros militantes distinguidos, por ello, el grupo de los Chuchos tiene que aflojar el autoritarismo y dar oportunidad a nuevos militantes; Morena, partido en indudable ascenso es el peor ejemplo de la crisis partidaria, pues las decisiones son unipersonales y prácticamente dictatoriales, el mando férreo de López Obrador está por encima de cualquier discusión ideológica o de análisis histórico.
Los demás siguen siendo patrimonialistas, como el ascendente Movimiento Ciudadano controlado por Dante Delgado; el Verde Ecologista de la familia comprometida con negocios farmacéuticos y otros; Nueva Alianza sometido al cacicazgo sindical del SNTE; y el nuevo partido Encuentro Social al parecer dominado por influyentes dirigentes religiosos del protestantismo.
En resumen, la crisis de los partidos es un hecho hasta hoy insuperable, que conduce inexorable y lamentablemente a echar la última paletada de tierra sobre el sepulcro de la democracia.
