Rubén Espinosa Becerril

 

Teodoro Barajas Rodríguez

A veces parece que la barbarie gana el terreno, marca los tiempos y cobra vidas de una manera por demás demencial, no se garantizan los derechos humanos, es la locura transformada en violencia apoltronada en la impunidad. En los últimos años se ha documentado lo difícil que resulta en nuestro país el ejercicio periodístico porque parece que vivimos en estado de guerra, ahora fue asesinado el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, cuatro personas más corrieron el mismo infortunio en un domicilio de la colonia Narvarte en la Ciudad de México.

Las crónicas del hastío que describen sucesos tapizados de muerte no acaban, es la narrativa interminable que da cuenta de los horrores. Rubén Espinosa colaboraba en medios informativos como Proceso y Cuartoscuro, radicó en Xalapa, Veracruz, entidad en la que los asesinatos contra comunicadores son sendas manchas ominosas e ilustrativas de la injusticia con tufo a impunidad.

La Procuraduría del Distrito Federal da seguimiento a las diversas líneas de investigación en torno al multihomicidio de Espinosa Becerril y cuatro mujeres, independientemente de la integración de la correspondiente averiguación previa penal estamos hablando de un comunicador más asesinado en una etapa nebulosa, en un país en el que la violación sistemática de la legislación es una práctica cotidiana.

En los últimos años los sucesos fúnebres que se cuentan contra periodistas son cuantiosos, Veracruz encabeza la lista de vergüenza; en el norte del país algunos medios han sido atacados, otros han omitido la información de carácter policiaco por temor a represalias. En Michoacán algunos comunicadores fueron levantados para ya no saber de ellos. Ésos son actos concretos, documentados. Recientemente en Poza Rica, Veracruz, el diario Presente fue rociado de balas.

Sin libertad la vida no vale porque se devalúa, los derechos humanos son para ejercerlos, no para mendigarlos, nuestra Carta Magna reconoce tales prerrogativas, hemos nacido con ellas.

Ante los acontecimientos perpetrados contra comunicadores las especulaciones suelen esparcirse, por ello las líneas de investigación son diversas, en el caso concreto de Rubén Espinosa ya él se había quejado de sufrir hostigamiento y amenazas del gobierno que encabeza Javier Duarte en Veracruz, en esa tierra laboró el fotoperiodista, en Xalapa, se autoexilió a la Ciudad de México para evitar el infortunio.

Las protestas por el multihomicidio no demoraron, en la capital del país como en el interior de la república muchos comunicadores, académicos y gente de diferentes extracciones han reprobado el suceso.

El grado de barbarie en México ha crecido en forma exponencial y no se precisa si se ha tocado fondo y ha llegado el momento de refundar nuestro país.