Artículo exclusivo para Siempre!
Carlos Arrieta
El primer fracaso inició hace 21 años con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que no ha sido otra cosa más que el disfraz perfecto para que el país más poderoso del mundo mantenga el control “legalmente” sobre los costos de los productos de exportación e importación entre México, Estados Unidos y Canadá.
De esta firma no hay nada que celebrar. México sigue sometido a la fijación de los de los aranceles que cada vez aumentan más y a más productos nacionales que intentan pasar por la frontera del vecino país del norte.
Los aranceles no son otra cosa más que el impuesto fijado para que algún producto de los “que aparecen en la lista de comercialización” ingrese a Estados Unidos y Canadá, lo cual perjudica las exportaciones del productor mexicano.
A través de costos imparables, el producto mexicano fue el más castigado en su precio por el TLC, que también ha dejado un enorme vacío en cuanto a la defensa de la soberanía nacional se refiere.
Las reglas de operación anunciaban el equilibrio en el comercio exterior con las otras dos naciones; sin embargo dependen en mucho del precio del dólar y del gobierno en turno.
El Tratado de Libre Comercio es un conjunto de reglas que los tres países acuerdan para vender y comprar productos y servicios en América del Norte. Las negociaciones concluyeron el 11 de Agosto de 1992 por los Jefes de los tres gobiernos.
Este acuerdo comercial fue negociado durante la administración del presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, George H.W. Bush de Estados Unidos y del primer ministro canadiense Brian Mulroney.
De todos los objetivos que pretendía TLC, solo dos o tres se han cumplido y es debido a la obligatoriedad que marca la soberanía de cada país.
Por ejemplo, no se logró eliminar los obstáculos al comercio exterior de México y facilitar la circulación trilateral de bienes y de servicios entre los territorios de las partes; al contrario, cada vez aumentan más los bloqueos comerciales.
Las condicionantes y los precios fijados principalmente por los Estados Unidos afectaron al productor agrícola en todas las temporadas donde se registra la retención del producto en la frontera al grado de que tienen que rematarlo para no perder la totalidad de la inversión.
O es el precio o es la exagerada e inhumana revisión del producto contemplada al cotentillo dentro de las reglas de operación. Esto genera que los mercaderes de Estados Unidos paguen al precio que les plazca el enser. Sin contar claro el impuesto fijado por el estado y la nación por donde se comercializa o se intenta comercializar.
Tampoco se logró promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio; mucho menos con el crecimiento del dólar ante el peso mexicano. No se puede competir con quién fija los precios y el arancel.
Al aumentar sustancialmente las actividades de inversión en los territorios de las Partes al cabo del tiempo hay más empresas estadounidenses en México que han desplazado la producción nacional y han debilitado el desarrollo del merca interno.
Como estos hay más ejemplo a pesar de que en su alma, el TLC estableció una serie de instituciones de tipo trinacional para administrar y vigilar la correcta implementación de las disposiciones del tratado como son: La Comisión de Libre Comercio; Un Grupo de coordinadores del TLCAN; Grupos de trabajo y comités del TLCAN; Un Secretariado del TLCAN; Una Comisión para la Cooperación Laboral; y, una Comisión para la Cooperación Ambiental.
Por eso hoy resulta hasta cínico o tal vez inconsciente que la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), Claudia Ruíz Massieu –sobrina de Carlos Salinas de Gortari- haga pública la 15 conmemoración de la segunda fase de este tipo de negociaciones y fracasos.
Más aún, que dentro de su discurso señale que “no hay retórica en ello”, al referirse a que la Unión Europea, voltea hacia México y le dedica una atención privilegiada por dos razones torales: primero la obvia, el valor y la relevancia de México en las Américas; y segunda, por su creciente peso en el entorno económico y político global.
Habrá que analizar, y ese es trabajo de los legisladores federales, conocer los datos duros de los beneficios que han traído este tipo de tratados para el país. ¿Ojalá no se requiera que como en el caso Ayotzinapa, que vengan a México un grupo de expertos independientes para decir que a lo largo del tiempo, el TLC fue otra “mentira histórica”.
Aquí el discurso completo:
http://saladeprensa.sre.gob.mx/index.php/es/discursos/6679-2015-09-10-17-09-34
