René Anaya
La valerosa batalla que libraron los padres de Graciela Elizalde para que se les permitiera importar el medicamento cannabidiol, derivado de la marihuana (Cannabis sativa), para tratar a su hija con síndrome de Lennox-Gastaut, puede contribuir a que en México se elimine la cannabis y sus derivados de la lista de sustancias prohibidas.
Las epilepsias graves que no responden a los medicamentos, como los síndromes de Dravet y de Lennox-Gastaut, caracterizado por convulsiones muy frecuentes (más de cincuenta al día) y retraso psicomotor, se ha comprobado que pueden aliviarse con el cannabidiol, que reduce el número de convulsiones.
La “gloria” que llevamos dentro
El cannabidiol, ya fabricado legalmente en Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos e Israel, forma parte de los cannabinoides que se encuentran en la marihuana, que tienen un gran interés médico, ya que también los producimos los seres humanos en nuestro organismo.
A finales de la década de 1980 se identificó el primer receptor de cannabinoides en el sistema nervioso, el CB1; en 1993 se encontró otro receptor en el sistema inmunológico, el CB2. Un año antes, en 1992, se descubrió el primer cannabinoide producido por el ser humano, al cual se le llamó anandamida (del sánscrito ananda, que significa “bienestar interior”, “la gloria”, “la bienaventuranza”).
Otro descubrimiento importante de la última década del siglo XX fue la identificación de los diferentes elementos del sistema endocannabinoide, como las enzimas de síntesis y degradación. Ahora se sabe que el receptor CB1 se localiza en el sistema nervioso central, las terminaciones de los nervios periféricos, los testículos, las paredes internas de los vasos sanguíneos, el tejido adiposo (grasa), los islotes pancreáticos y la retina; en tanto que el CB2 se encuentra principalmente en las células del sistema inmune, la retina, algunas neuronas y células gliales (dan soporte a las neuronas y controlan su microambiente). Incluso se han encontrado en corazón, hígado, bazo, órganos reproductores, sistema gastrointestinal y leche materna.
A principios de este siglo se descubrió el sistema cannabinoide endógeno que actúa como modulador de la actividad sináptica, ya que sigue un camino opuesto al de los neurotransmisores, por lo que se les llama mensajeros retrógrados.
En pocas palabras, se podría decir que los endocannabinoides tienen una vía contraria a la de los neurotransmisores: se liberan en la célula postsináptica y se activan en la presináptica. De esta manera modulan o regulan diferentes procesos fisiológicos, mediante la inhibición o excitación de las neuronas, con otra característica que los diferencia de los neurotransmisores: no se pueden almacenar, no viajan a largas distancias como las hormonas, actúan prácticamente en el lugar donde se liberan, como lo hacen las prostaglandinas.
Las funciones de los cannabinoides
Las investigaciones del sistema cannabinoide endógeno han permitido descubrir algunas de sus funciones y probables aplicaciones terapéuticas, que a continuación se refieren.
Inhibición del movimiento. Se podría emplear en la enfermedad de Huntington (mal de San Vito) y en la de Parkinson, entre otros padecimientos con alteraciones motrices, como la epilepsia. En dosis bajas produce estimulación.
Analgésico. Tratamiento del dolor crónico, neuropático e inflamatorio.
Modula la extinción de la memoria y potencia la de largo plazo. Se ha planteado la posibilidad de emplearlo en el estrés postraumático para evitar las experiencias dolorosas y en padecimientos con déficit de memoria, como la enfermedad de Alzheimer.
Alteración de motivación, emoción, ansiedad y recompensa cerebral. Estas acciones se consideran útiles para el tratamiento de adicciones como alcoholismo y tabaquismo, así como en recaídas a cocaína y heroína.
Regulación de la náusea y el vómito. Ya se ha emplea en pacientes de cáncer con quimioterapia.
Regulación del apetito, la ingesta y el equilibrio energético. Podría ser un tratamiento para la anorexia y la obesidad, así como para pacientes con anorexia-caquexia (extrema desnutrición) producida por diferentes causas, como cáncer y sida.
Control de la homeostasis neuronal. Podría emplearse en enfermedades neurodegenerativas agudas como traumatismos y problemas de circulación cerebral, y crónicas como Alzheimer, Huntington, Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica (que padece Stephen Hawking) y esclerosis múltiple.
Modulación de temperatura corporal. Interviene en la modulación de circuitos neuroquímicos implicados en la regulación de la temperatura, pero no se ha encontrado alguna aplicación terapéutica.
Como se aprecia, los endocannabinoides parecen tener un enorme potencial curativo, por lo que la autorización de la importación del cannabidiol reviste gran importancia, ya que además de contribuir a aliviar los síntomas de Graciela Elizalde, esta apertura gubernamental podría facilitar el estudio de los cannabinoides en el país y, eventualmente, su fabricación con fines terapéuticos.
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f/René Anaya Periodista Científico
