Aurelio Nuño
René Avilés Fabila
La semana pasada se llevó a cabo un homenaje más a Rafael Solana, dramaturgo, ensayista, novelista y brillante colaborador de nuestra casa, Siempre! Brilló la participación de Beatriz Pagés, quien recordó las páginas memorables que Solana escribía todas las semanas desde su fundación hasta que falleció el notable hombre de letras. Recordamos que estuvo seis años como secretario particular de Jaime Torres Bodet, justo cuando se desempeñaba como titular de la Secretaría de Educación Pública. Esto inevitablemente nos hizo reflexionar sobre los grandes mexicanos que orientaron la labor de esa parte fundamental del Estado mexicano. Con la fina sensibilidad de Torres Bodet, entre otras grandes tareas se llevó a cabo la creación del libro de texto gratuito, cuya comisión dirigió el más grande de los novelistas mexicanos, Martín Luis Guzmán.
Al concluir la ceremonia con la develación de una placa conmemorativa en honor de uno de los distinguidos miembros de la Generación Taller, con Octavio Paz, José Revueltas y Efraín Huerta, pensé largamente en el recién nombrado secretario Aurelio Nuño. Su experiencia en materia educativa es cero, jamás ha estado en una normal o dado una plática a maestros normalistas. Pensarlo en una modesta escuela oficial es absurdo. Entrevistado sobre sus nuevas responsabilidades ha respondido generalidades, vaguedades que todos conocemos e identificamos como problemas.
Para empezar, Enrique Peña Nieto lo sacó de su sitio de confort, ajeno a los grandes debates políticos. Ahora tendrá que enfrentar a los aguerridos, a pesar de que están a la baja, maestros de la CNTE, constatar los sueldos miserables de los profesores, las condiciones lamentables en que se hallan las escuelas primarias, secundarias y normales rurales.
Pero sobre todo, si en efecto Peña Nieto lo pone allí para que le sea posible actuar en la sucesión presidencial priista, necesita conocer el país fuera de las cómodas oficinas que ha tenido. Ésta no es una tarea fácil, México se ha hecho, y con razón, combativo, ya no es factible tomarle el pelo. Él viene de un gabinete que está en bajos niveles de popularidad, mientras que el populismo crece y se hace más ramplón, pero encuentra oídos sensibles a cambios ilusorios.
En pocas palabras, si Nuño poco conoce la nación, el país no tiene la menor idea de sus capacidades, salvo lo que dicen los medios, elogiosos si son dóciles al poder, críticos, si no simpatizan con Peña Nieto y los suyos. Faltaría saber qué piensa el PRI en manos de un político experimentado y conocedor a fondo del país, Manlio Fabio Beltrones.
En el gabinete, lo han dicho multitud de comentaristas políticos, no hubo cambios sino enroques que a nadie dejaron satisfecho. En el fondo son para continuar con un proyecto que no parece conducir a buen puerto. Lo grave es que la Educación Pública es clave en la transformación del país. Necesitamos gobiernos que centren su atención en esa parte del cambio. En Finlandia, el esfuerzo político está centrado en educación y más educación. Las diferencias con México son notables.
Pronto sabremos cuál es la capacidad real de Nuño en materia educativa, por donde tantos han pasado y pocos han dejado una huella indeleble. Por ahora el hombre habla como experto en pedagogía y dicta cátedra en educación, el asunto es que se mueve en el pantanoso terreno de las generalidades y entre maestros hartos de malos tratos, sueldos vergonzosos y desdén e incomprensión de los medios. Para colmo, en un México gobernado por personas casi ajenas, formadas en elegantes escuelas privadas y con pomposos doctorados que no los hacen más sensibles a los millones de maestros que sobreviven en pésimas condiciones.
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