Castro y Francisco
Alfredo Ríos Camarena
Pocas veces hemos tenido el privilegio de asistir a un evento que reúne a dos personajes disímbolos; diferentes y de verdadero peso histórico, reformador y revolucionario.
Muchos son los personajes importantes de América Latina, pero en el campo de la política no son tantos, y desde luego, son escasos de los que se pueda afirmar —con toda seguridad— su presencia y su influencia en los anales de la historia.
Fidel Castro Ruz sin duda marcó una etapa de resistencia al Imperio norteamericano, como nunca había sucedido, su defensa fue heroica; la Isla sufrió uno de los boicots más estremecedores de nuestro tiempo, se le cerraron todas las puertas económicas y comerciales, en principio, todos los gobiernos de América dejaron solitaria a Cuba, excepto —y lo afirmamos con orgullo— el gobierno de México que fue consecuente —como tantas veces en el pasado— con los principios constitucionales expresados en la fracción X del artículo 89 de nuestra Carta Magna, que han regido nuestra política externa y deberán seguirlo haciendo.
Se atentó contra la integridad física de la Isla cubana, siendo los personeros de la CIA estrepitosamente derrotados en Bahía de Cochinos. Fidel Castro pudo —aprovechando el mundo bipolar en que vivió— sostener su bandera soberana.
Cuba se acercó al mundo socialista, porque en 1959 el presidente norteamericano Eisenhower ejerció una torpe presión suspendiendo la cuota azucarera. El gobierno castrista no era socialista, no olvidemos las peregrinaciones a la Virgen de la Caridad del Cobre, encabezadas por Fidel Castro para festejar su triunfo, pero tuvo que tomar una decisión para no ser avasallado. Como quiera que sea, junto con el Che Guevara y Camilo Cienfuegos son el símbolo de la lucha antiimperial.
Cuba, en medio de un mundo bipolar, desempeñó un papel preponderante, quizá la crisis más grave de la guerra fría fue la de los misiles rusos sembrados en la Isla.
De otra manera y en otro momento, el papa Francisco ha sido el pontífice de los humildes y de los pobres, y ha tenido el valor de plantear ideas reformistas en diversos temas, que rompen con las escleróticas y rígidas prácticas de la tradicional Iglesia católica. Francisco ha condenado a los pederastas y a los príncipes de la Iglesia llenos de riqueza y vanidad; le ha dado un carácter humano y caritativo a la Iglesia que representa, y también, ha sustentado con solidez, en reciente encíclica, una severa condena al sistema capitalista, en este punto que es toral necesariamente coincide con las ideas de Fidel Castro. No es que la Iglesia se vuelva marxista, lo que sucede es que ya es absolutamente inaceptable el régimen de pobreza que tiene a la humanidad en los límites de la angustia y la desesperación.
Son dos gigantes de América Latina, pero al mismo tiempo, coinciden fundamentalmente en su concepción de la pobreza y de la desigualdad.
Fidel Castro en el siglo XX; el papa Francisco en el siglo XXI; América Latina como la tierra promisoria que José Vasconcelos pensara.
