Apertura de fronteras
Alfredo Ríos Camarena
A partir de que la ideología neoliberal se apoderó del destino planetario, el derecho ha sufrido serias modificaciones; hasta antes de la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética el mundo vivía una relación bipolar donde el socialismo y el capitalismo se enfrentaban, frente al socialismo cobraron fuerza las teorías keynesianas que le dieron al capitalismo un rostro humano creando el llamado “Estado de bienestar”; John Maynard Keynes sostenía que la influencia del Estado debería conducir la economía, y que por ello, grandes empresas estratégicas deberían ser de su propiedad; en cuanto al endeudamiento, subrayaba la importancia del crédito estatal para impulsar la producción y el empleo.
La nueva propuesta surgida del gobierno de Margaret Thatcher y del pensamiento económico de Von Mises y de Von Hayek consideró el Estado como un factor que detenía el progreso y condenaba a la empresa pública como ineficiente y corrupta; esta línea ideológica fue aceptada e impulsada en América por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, en la presidencia de Ronald Reagan, aplicándose en casi todo el mundo.
Los conflictos de carácter comercial se dirimieron bajo la línea de los tratados de libre comercio” y de las organizaciones internacionales como la OMC; el crédito publico ha sido manejado como una palanca de apoyo a este sistema operado por el Fondo Monetario Internacional.
Estos fundamentos teóricos han influido en la apertura de las fronteras con la preeminencia de las empresas privadas y naturalmente han repercutido en las estructuras constitucionales y jurídicas de muchos países, entre otros, México.
La ideología neoliberal se impuso afectando el principio de soberanía de los Estados, lo que ha traído como consecuencia la influencia externa para resolver temas internos, incluso de carácter político. Lo grave del asunto es que la decisión de la política interna ha quedado a merced de estas fuerzas que hoy se manifiestan, claramente, en Grecia y en Guatemala.
La culpabilidad o inocencia del expresidente guatemalteco Otto Pérez Molina debe ser un tema que resuelva el propio pueblo de Guatemala; sin embargo, aunque es verdad que el Congreso le quitó la inmunidad para que pudiera ser aprehendido y juzgado, el origen de la investigación que llevó a este mandatario a su triste final estuvo en manos de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala creada desde 1994 y funcionando desde 2007 como tal, integrada por 73 guatemaltecos y 74 funcionarios de otras naciones —principalmente europeos, norteamericanos y algunos latinos— dependiente de Naciones Unidas.
Hoy que se aplaude tanto la decisión de anticorrupción que se ha tomado ese país centroamericano, habrá que reflexionar hasta qué punto es correcto que la influencia externa decida la política interna.
No se trata de defender al expresidente, sino de observar un fenómeno que está desarrollándose en el mundo entero, en detrimento del concepto fundamental de soberanía que ha sido el paradigma que le da independencia y autonomía a todas las naciones.
Los estudiosos de la economía y del derecho deberán reflexionar sobre este tema, que puede tener repercusiones muy graves en el proceso del desarrollo planetario.
El neoliberalismo a rajatabla ha producido miles de millones de pobres y la concentración exacerbada de la riqueza en unas cuentas manos, como lo apuntan con claridad intelectual Joseph Stiglitz y Thomas Piketty.
En los foros del pensamiento universal se están analizando los efectos perversos del sistema neoliberal que, llevado a los extremos en que se encuentra, ha dejado la producción y la riqueza mundial en manos de unos cuantos.
