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Carlos Arrieta

Chilpancingo, Guerrero.- “Qué difícil es ver la sombra de la muerte tan cerca de nosotros y que no deja de colocar su sombra sobre los niños, mujeres, jóvenes y hombres en el estado de Guerrero. Qué extraño es que los homicidas hayan escapado y con permiso de quién”, cuestionó Roberta Evangelista Hernández madre de David Josué, el adolecente de 15 años que murió durante el ataque registrado el 25 de septiembre del 2014 a un grupo de jugadores de “Los Avispones de Chilpancingo”.

La cita era en un inmueble de venta de comida habilitado en ese patio que albergaba a familiares y cuerpo técnico del equipo de fútbol de Tercera División profesional. Algunos de los jóvenes victimados por la delincuencia llenaban la tercera fila de la habilitada conferencia de medios de comunicación convocada la tarde de este miércoles 23 de septiembre.

Los padres de familia y entrenadores del equipo reprochaban que el único foco de atención fuera la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa levantados un día después con la complicidad de los policías municipales de esa región convulsionada por la violencia y la inseguridad.

Se ha olvidado del ataque que sufrieron sus hijos a manos del crimen organizado que dejó cuatro muertos y varios lesionados aquél 25 de septiembre en la carretera federal Chilpancingo-Iguala.

La encargada de leer el mensaje principal fue Roberta Evangelista quién no pudo disfrutar ese triunfo pambolero del equipo de sus amores. No se podía explicar cómo es que su pequeño David muriera a tiros arriba del autobús en el que viajaba.

“Qué difícil es ver la sombra de la muerte tan cerca de nosotros y que no deja de colocar su sombra sobre los niños, mujeres, jóvenes y hombres en el estado de Guerrero. Qué extraño es que los homicidas hayan escapado y con permiso de quién”, recriminó la joven madre al recordar a su hijo y a las demás víctimas de los hechos ocurridos.

Tenía razón. A nombre de los demás familiares e integrantes del Club, Roberta pidió al presidente de la República Enrique Peña Nieto su atención personalizada a los jóvenes jugadores ara que se haga justicia y se aclaren los hechos.

“Porque esa noche después de darlo todo en la cancha, lo último que hicimos como equipo no fue celebrar sino sentir pánico, terror y miedo, porque fuimos incapaces de repeler las balas únicamente armados con balones, uniformes sucios por la justa deportiva, con tenis y sudaderas y así, no pudimos defendernos”, parafraseó la madre de David a nombre de los demás jóvenes futbolistas.

Denunció pues que funcionarios de todos los niveles de gobierno hayan minimizado la situación y que todo ha quedado en buena voluntad.

“Tiemblo de horror ante el circo que políticos de todas clases y partidos han armado con la cruz del amigo durante todo este tiempo y en su afán de salir menos manchados o ser protagonistas en el asunto, dan puñaladas y comienzan a cantar como canarios de las atrocidades de unos contra otros”, reprochó la mamá de David Josué.

Al respecto reiteró que Peña Nieto de manera precisa retomen las actuaciones, garantice que se haga justicia y que instruya para que les sean reparados los daños a las víctimas directas e indirectas de ese ataque armado contra los jóvenes deportistas.

Los minutos no deben llegar porque os recuerdos les arrancan nuevamente la vida. A unas cuantas horas de que se cumpla el primer año de la masacre los padres de familia levantan la voz e insisten en algo que ante la luz pública es real: el abandono hacia las víctimas y sus familiares.

“Permítannos que forjemos un futuro lejos de balas; déjennos jugar; déjennos estudiar, déjennos desarrollarnos como ciudadanos modelo; incentiven el fortalecimiento y crecimiento del estado; dejen que crezcan guerrerenses que un día cuenten como un muchacho se convirtió en mártir en lugar de ser futbolista”.

Las anteriores palabras parecían las de un gurú que solo esperaba lo predecible: algunos medios locales los atacaban en sus cuestionamientos y cual falta de ética vertían juicios de opinión en la entrevista desarrollada en el gran patio de un predio rodeado además de cantinas y bares diurnos cuadras abajo.

Otros más solo cuestionaban nimiedades, como el preguntar porque no estaban los registros que les permitían jugar dentro de la liga profesional.

De comunicólogos pasaban a ser voceros y guardianes de la “mentira absoluta”. Fueron solo uno o dos “reporteros”, pero se volvieron incómodos para el desarrollo del tema central: la desatención, humillación, indolencia e incumplimiento de las autoridades ante los que también habían perdido su tranquilidad.

Soltaban las revelaciones de que de manera general los padres de los jóvenes futbolistas habían recibido amenazas.

A Evangelista Hernández eso no la detuvo al igual que a los demás familiares de las víctimas. El crimen organizado ya les había arrebatado gran parte de su vida.

No se inmutó ante la agresión de quiénes parecían privilegiar los convenios comerciales por encima de su profesión y también pidió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) les informen los avances de las investigaciones realizadas que afectaron a personas inocentes, en específico del equipo “Avispones de Chilpancingo” ya que desconocen el estatus real de las mismas.

Roberta Evangelina consideró que es necesario recordarle a la CNDH que se perdieron vidas como la de David Josué que soñaba con ser jugador profesional.

De igual forma había muerto Víctor Manuel, chofer del autobús en el que viajaban los jugadores el día de los hechos y un padre de familia que amaba su trabajo con el que se ganaba el pan de cada día.

Esa noche del 25 de septiembre del 2014 nadie sabía que éramos deportistas (no sicarios) los que viajábamos esa noche de regreso a nuestras casas; tiemblo porque cualquier otro día, alguien pasa por esa misma pesadilla en el estado de Guerrero, agregaba la joven madre.

Ante este escenario y después de negar tajantes que tuvieran acuerdos con alguna instancia de gobierno para no denunciar, Roberta, finalmente insistió en que a casi un año de los hechos tan desgarradores se ha destapado la cloaca en que nos han hundido por años y por lo que los ojos del mundo voltearon a ver a Guerrero, agregó.

“Dejen que se cuente esta historia donde todos entendamos la seriedad de lo que sucedió. Murió un joven que aún tenía mucho por hacer. Murió también un ciudadano honesto, responsable de una familia y esto es irreparable”.

Para los padres de los jóvenes futbolistas no es que una tragedia tenga más importancia que la otra. Se trata de que se alcance la justicia social y que así como se atiende una tragedia, se le dé igual trato a la otra.

“Todos somos ‘El Avispón caído’, todos somos los chicos de Ayotzinapa desaparecidos, todos somos iguala y sus difuntos, todos somos Guerrero y todos queremos paz, fue la manera en la que concluyó el grupo de padre de familia, así como entrenadores y directiva del Club Los Avispones de Chilpancingo que han pasado a ser, desafortunadamente, parte de la estadística.

Y es que este próximo viernes se cumple un aniversario conmemorativo de un hecho que no se debe olvidar o dejar pasar por alto.