Artículo exclusivo para Siempre!
Carlos Arrieta
Mientras en México las notas fuertes son la caída de la banda presidencial, el mal inglés del presidente Enrique Peña Nieto y sus dislexias constantes, en Guatemala la sociedad civil y demás sectores organizados de la población obligan a renunciar a su principal enemigo. Otto Pérez Molina, quien cayó junto con todo su corrupto sistema de gobierno.
El voto unánime de los 132 diputados en el Pleno cambió enteramente el escenario político de corto plazo y acabaron con el control hegemónico-político de los partidos Libertad Democrática Renovada (LIDER) y Partido Patriota (PP).
La población finalmente triunfó y tras casi cinco meses pudieron ver los resultados de sus manifestaciones en las calles, volcados hacia la renuncia de Pérez. Ya lo habían hecho tras lograr la renuncia de Roxana Baldetti y mandarla a la cárcel.
Eso demuestra que ese país que tanto es criticado y discriminado por el estilo de vida de sus habitantes, por su pobreza extrema, por su mal futbol y hasta por el número de ciudadanos que buscan, al igual que en México, su futuro en el sueño americano.
Ahora festejan y han dejado en claro que la mayor fortaleza del poder la tiene el pueblo. Están dispuestos a todo por el hartazgo de tantos años de corrupción, asesinatos, imposiciones, cacicazgos y abusos de las personas al frente de uno u otro gobierno.
La misiva dirigida al presidente del Poder Legislativo, el diputado Luis Rabbé, con copia al entonces vicepresidente del país, Alejandro Maldonado Aguirre, era la señal de una verdadera caída de la banda presidencia. Otto Pérez Molina había fracasado. El pueblo lo derrocó.
“Hago un llamado a los guatemaltecos y guatemaltecas, para que dejando por un lado los odios y rencores, y en el marco del Estado de Derecho, contribuyamos todos, para hacer las transformaciones profundas que el Estado demanda, para enfrentar los grandes retos que procuren la construcción de nuestra Guatemala, que son expresión de la Justicia, la Seguridad, la Paz y el Desarrollo, especialmente de los más desposeídos”, era un fragmento de la carta de dimisión de Otto Pérez.
Horas antes, Pérez Molina era abucheado y humillado por los guatemaltecos ofendidos. Lo esperaban a las afueras de la Corte y le gritaban ¡Ladrón, ladrón!… Se tenía que presentar; era sobajado.
Sandino Asturias, coordinador del Centro de Estudios de Guatemala, declaró a la cadena televisiva Telesur, que todo lo que ha sucedido en ese país tiene que ver con el colapso de un sistema político.
“Un sistema que ha dado la espalda al pueblo y a las soluciones de los problemas de Guatemala; a un proyecto económico, político y social neoliberal de extrema derecha militarista que colapsó”, dijo el politólogo.
Agregó, que hay que poner las cosas en su justa dimensión del contexto estructural, porque la corrupción simplemente es una expresión del sistema corrupto, pero no es de la parte estructural.
En un segundo término, explicó, que la fuerza del momento se da por la presión social, ya que si no hubiera ésta, las manifestaciones consecutivas, permanentes y masivas que se dieron, tampoco se hablaría en este momento de desenlace.
“Y el tercer elemento fundamental es que se le cerró el cerco al presidente (Otto Pérez) de una estructura de impunidad, una estructura criminal e histórica de más de 30 años de grupos criminales vinculados antes a la contrainsurgencia, al Ejército (guatemalteco) y a grupos criminales de la guerra sucia, hoy se convirtieron al crimen organizado y son la estructura criminal que hoy se está desmantelando, cuya cabeza principal es el presidente y la vicepresidenta (Roxana Baldetti)”, detalló el especialista.
Baldetti, acusada de liderar, junto con el presidente, Otto Pérez Molina, la red de corrupción aduanera conocida como “La Línea”, fue trasladada a un centro de detención de presas comunes, desde el pasado 21 de agosto.
Con estos tres elemento se le acabó el imperio al ya expresidente guatemalteco y los ciudadanos le cerraron la llave de la impunidad, a través de la presión social que orilló a que la Cámara de Representantes le quitara la inmunidad para que la orden de captura precipitara su renuncia al máximo cargo gubernamental.
Ahora el encargado de intentar regresar a Guatemala a su cauce ideal será Alejandro Baltazar Maldonado Aguirre, de 79 años de edad, luego de ser nombrado por el Congreso de Guatemala como el presidente número 49 de esa nación.
Esto deja en claro que las grandes decisiones no se contagian. A pesar de la cercanía de México con Guatemala, en el país de la retórica, las dádivas electorales, la impunidad y la adormilada respuesta social, aún prevalece y prevalecerá la corrupción y los malos gobierno financiados y avalados por la mayor minoría.
