Sara Rosalía

Investigadores de todos colores han llamado la atención en torno a que con la creación de la Secretaría de Cultura, este sector queda separado de la Secretaria de Educación Pública, relación establecida desde la época en que su titular fue José Vasconcelos.

En efecto, desde siempre las expresiones artísticas han estado vinculadas con la educación básica. Los coros y la declamación estaban ligados a los festivales escolares y también iniciaban a los niños en la música y la poesía. Uno leía poemas de Sor Juana y de Amado Nervo y los niños con buenas calificaciones y mejor memoria los recitaban con la escuela reunida.

Ya en la enseñanza secundaria, se llevaban clases sobre historia del teatro, materia en la cual se cubría desde la tragedia griega sin olvidar Shakespeare o Moliere hasta Fernández de Moratín. En la escuela se propiciaba que se representaran obras teatrales como fin de cursos y con frecuencia, los niños eran llevados, como parte de la enseñanza, a alguna función teatral. En lo personal, con mi grupo fui a ver Panorama desde el puente, de Arthur Miller.

En ese mismo nivel se estudiaban dos años de historia de la literatura mexicana, desde Sor Juana hasta la novela de la revolución mexicana. Se leían capítulos del Quijote, cuentos de Micrós o de Gutiérrez Nájera, poemas de Darío. Se memorizaban fragmentos del Marqués de Santillana y hasta se leía algún cuento del Conde Lucanor. La clase de baile era obligatoria, como la educación física. (Aunque usted no lo crea, mi maestra de danza en la primaria fue Laura Urdapilleta, claro, antes de volverse la primera bailarina que llegó a ser.

Ahora, con la reforma educativa se ha impulsado el “análisis de textos”, que se trata de leer un texto de periodismo, otro de ciencia, uno de poesía, uno de teatro y algún cuento como ejemplo de narrativa. Se desechan las historias de la literatura, porque “sólo se memorizaban nombres y biografías sin provecho”. Cada vez que se argumenta eso, recuerdo a algún escritor que decía que, en efecto, sin leer los libros no serán nuestros amigos, pero si sabíamos sus nombres al menos eran nuestros conocidos. En vez de analizar cinco textos, prefiero saber, aunque no los haya leído, que existió un dramaturgo de la talla de Shakespeare, un narrador como Cervantes o un poeta como Quevedo.

Es de temerse que ahora con la separación de la Secretaría de Cultura de la SEP, se suprima más todavía la relación con las materias que se refieren al arte, y quien crea que miro moros con tranchete, recuerden los embates recientes contra la filosofía y la desaparición de civismo, que era la antesala del conocimiento del Derecho. La disminución de los cursos de Historia, en especial sobre las culturas prehispánicas. Todo porque la reforma educativa quiere hacer empleados a modo para los empresarios. Y el arte, según ellos, no sirve más que para especular, tanto así que cuando hace cualquiera algo de balde se afirma que lo hace por amor al arte. Y en efecto, a pesar de la reforma educativa, y el pensamiento empresarial de Mexicanos primero, no sólo de pan, y mucho menos de dinero, vive el hombre.