Especial exclusivo para Siempre!

Carlos Arrieta
Cocula, Guerrero.- Al menos 500 familias aceptaron denunciar luego de perder el miedo. Ya no podían más, los devora la angustia, el dolor, la incertidumbre y tras la noticia de que habían sido hallados unos cuerpos en otro punto de estado de Guerrero decidieron integrar una lista con los nombres de sus familiares, sacados por la fuerza de sus casas y privados de su libertad por integrantes del grupo criminal “Guerreros Unidos”.
Familias enteras de los municipios guerrerenses de Iguala y Cocula se han volcado a la búsqueda de sus familiares, la mayoría de ellos jóvenes de entre 14 y 25 de edad, que el cártel de Guerrero “levantó” en jornadas repetidas. El número de víctimas era, repetidamente, entre 10 y 15 por recorrido criminal en las calles de Cocula.
Todos saben quiénes son los responsables de la desaparición de sus seres queridos e infieren que “se los llevaron para reclutarlos”; otros más reconocen que están pagando la consecuencia de sus actos y no hablan más del tema.
Los “levantones” se incrementaron como una práctica multitudinaria un año antes de que se destapara la cloaca con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que en realidad ya era como el colofón.
En las calles la Policía Estatal, la Federal y la Gendarmería Nacional vigilan el pueblo localizado a 113 kilómetros de la capital del estado sobre la carretera Iguala-Ciudad Altamirano.
El fin de semana es reforzado con nutridos grupos de las fuerzas federales. Temen otras manifestaciones violentas.
El tiradero ha sido bloqueado en todos sus accesos y elementos estatales resguardan el fangoso camino.
Cocula justamente es la cabecera municipal que alberga a ese tiradero donde de acuerdo a la “verdad histórica” fueron incinerados los 43 normalistas de Ayotzinapa tras ser levantados el 27 de septiembre del año 2014 por presuntamente policías de Iguala y de Cocula que atendían las órdenes criminales.
A 213 kilómetros de ahí, en la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa los jóvenes se preparan para lo peor y saben que en cualquier momento se vuelven a enfrentar al Estado. “Aquí los que mandamos son los estudiantes, el Consejo estudiantil y los maestros óolo asisten para hacer las evaluaciones”, advierte uno de los jóvenes que resguarda la entrada principal de la Normal de “Ayotzi”.
Nadie entra y nadie sale de esa fortaleza sin tener el permiso o autorización de los dirigentes o secretarios de cada una de las carteras. El Acceso a los representantes de medios de comunicación está en manos de Santiago García Ramírez, estudiante de segundo grado y responsable de la difusión y atención a la prensa.

Esa noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 fueron asesinadas seis personas entre las que se encontraban cuatro jóvenes estudiantes -tres compañeros nuestros y un futbolista de Los Avispones de Chilpancingo- y dos adultos.
Para el vocero de la Normal Isidro Burgos, a un año de la desaparición de sus 43 compañeros el reto más grande salir librados al enfrentar históricamente como estudiantes a un narco-gobierno.
“Nosotros sabemos que gobierno y la delincuencia organizada son los mismo y están en complicidad. Muchas veces nos han llegado a nosotros amenazas de muerte, de que nos van a levantar pero como dice una manta, una consigna ‘nos quitaron tanto que hasta se llevaron hasta el miedo’; el miedo está pero a eso venimos y si nos va a tocar, nos va a tocar”, responde el conocido entre la comunidad estudiantil “El Comandante”.
En uno de los pasillos se denota el tránsito de los y las jóvenes que alistan sus exámenes; algunos comen y otros más se salen de bañar, pero todos piensan primero en las movilizaciones del primer año conmemorativo de la desaparición forzada de sus cuarenta y tres compañeros recordados en uno de los principales patios.
Los rostros en fotografías, el silencio en esa zona poniente de la Normal visten el ala de concentración. No hablan y quienes se sientan en las bancas de alrededor lo hacen con mucho respeto hacia los rostros de “los 43” pegados en las butacas viejas acomodadas en el patio techado.
La reticencia para hablar es tal que no llegan a la cita los sobrevivientes de los ataques. “El Comandante” platica con Siempre! y revela que desde lo acontecido la madrugada del 27 de septiembre del 2014 en el municipio de Iguala, Guerrero, han recibido amenazas de la narcopolítica en esa región de la entidad.
En lo personal Santiago García asegura que no ha recibido amenazas por el momento, pero “por las diferentes entrevistas que he dado quizá un día me lleguen”.
– Pero a los números de celular que manejamos en la radio nos han llegado algunos mensajes que dicen ‘síguenos tirando y verás lo que te pueda pasar’.
– ¿Y a quién le atribuyes tú esos mensajes de amenazas?
– Creemos que el narcogobierno, porque es el único que tira esas amenazas, pero ya el miedo quedó rebasado; ya no tenemos nada que perder. Esta lucha se inició para ganar y así va a concluir.
Acostado en su dormitorio, uno de los sobrevivientes de ese atentado explica –breve- que en muchas ocasiones han sido retenidos e interceptados por la delincuencia, algunos de estudiantes de la Normal Isidro Burgos y de otras más que los apoyan en sus movilizaciones.
“Pero no sé qué pase, porque nada más les decimos que somos de Ayotzinapa y no nos hacen nada; han de pensar que si se vuelven a meter con nosotros se les arma dura la chinga. Nosotros no tenemos miedo de enfrentarlos porque no vamos a permitir que el gobierno y el narco en complicidad quieran acabar con nosotros o nos quieran reclutar. Eso nunca; primero muertos”, acotó el joven estudiante.
Durante el recorrido otros normalistas más no descartan que el crimen organizado haya tenido la intención en algún momento de reclutarlos como lo han hecho con los pobladores de Cocula y de Iguala, lugar, éste último, donde fueron vistos por primera vez los 43 estudiantes levantados por el crimen organizado y que a un año de eso todavía permanecen desaparecidos.