Reflexionemos sobre nuestra historia
Alfredo Ríos Camarena
La historia de México constituye un conjunto fascinante de hechos pletóricos de luces y de sombras, de personajes increíbles, de guerras injustas, de contradicciones permanentes y también de interpretaciones polémicas y diversas.
Septiembre nos trae a la memoria colectiva los acontecimientos heroicos de la guerra con Estados Unidos, donde fue brutalmente mutilado nuestro territorio, entre otras cosas por nuestras contradicciones internas y la traición de los grupos conservadores. Por eso, el día 13 se conmemora la mitológica y legendaria “Defensa de los Cadetes del Colegio Militar” quienes, a sabiendas de que su derrota era segura, ofrecieron su vida para escribir una página brillante de patriotismo.
Las relaciones que se han dado a lo largo de la historia contemporánea con Estados Unidos han mejorado paulatina y decididamente, somos —desde hace tiempo— aliados en el progreso reciproco y en el comercio común; no obstante la guerra de 1847 pervive en la conciencia histórica de la nación; en Estados Unidos siguen existiendo semillas de odio racial, que hoy se vislumbran con mayor intensidad en el escenario de la próxima elección presidencial, y particularmente, en la voz de muchos de los candidatos republicanos a la presidencia de ese país. Más allá de estos rencores históricos y raciales, nuestra relación se ha fortalecido en el entendimiento y la concordia.
La Independencia de la nación se inició con las luchas libertarias de Hidalgo y con el profundo pensamiento de Jose María Morelos, expresado en los “Sentimientos de la Nación” —aunque éstos no llegaron a ser vigentes— y ambos próceres fueron derrotados y fusilados en la guerra; fue realmente la presión de las Cortes de Cádiz sobre los privilegios de los peninsulares y de los criollos lo que dio un sesgo a la historia, para que desde la sombra de la iglesia de la Profesa, el canónigo Matías Monteagudo urdiera el triunfo de Iturbide y el engaño a Vicente Guerrero; eso explica por qué se inició el Imperio de Iturbide y un contenido diverso a la conducción nacional que volvió a su cauce con la Constitución de 1824 y la liberal de 1857.
Estos sucesos de contradicción entre realistas e insurgentes, entre liberales y conservadores, entre federalistas y centralistas, produjo una amalgama que tardó tiempo en madurar, por varias razones, entre otras, la formación de una nueva raza, la “Raza Cósmica” a la que Vasconcelos aludió como una nueva esperanza para la humanidad.
El crecimiento de la democracia norteamericana y las nuevas formas políticas de representación presidencial y federal dieron carta de naturalización al nuevo esquema jurídico de las constituciones mexicanas, que finalmente abrían de aterrizar en la concepción de un Estado de bienestar, donde la nación mantuviera la rectoría del desarrollo y el objetivo fuera la distribución de la riqueza.
Hoy, nuevamente existen graves confusiones ideológicas respecto al rumbo del país; por eso, es fundamental que en este mes de septiembre hagamos un alto en el camino y reflexionemos sobre el verdadero contenido de nuestra historia y de nuestro proyecto constitucional.
