POR LOS CAMINOS DEL SUR
Manuel Nava
Acapulco, Gro.- A unas horas de los trágicos entre la tarde del 26 y la madrugada del de octubre en Iguala en los cuales personas fueron asesinadas y 43 estudiantes de la normal rural “Isidro Burgos” se encuentran desparecidos hasta la fecha, ya había elementos que permitían deducir la naturaleza de la acción.
El tema de Ayotzinapa se volvió un botín político para organizaciones diferente orientación ideológica, sin apoyo social, como no fuera el dinero obtenido bloqueando caminos y poniendo cuotas de paso. La búsqueda de la verdad o de la justicia se diluyo en las consignas huecas, y acciones igualmente de violencia irracional muy lejanas de la causa de que se hiciera justicia por la agresión de fueron objetos normalistas y futbolistas, el hecho generó el descrédito del gobierno que derivo además en un crisis de derechos humanos.
Antes de esa larga noche, en Guerrero se fue imponiendo una economía de caciques de las drogas que imponían el poder político y determinaban que el producto estrella de la agricultura fuera la amapola y no los alimentos. Se trata de un fenómeno que se ha desarrollado a lo largo de las últimas tres décadas pero tomó mayor celeridad desde el 2011.
Aun cuando se multiplicaron las voces de diferentes dirigentes sociales alertando la intromisión del narco en la designación de alcaldes, síndicos y regidores, no hubo mayor reacción de las autoridades del ramo.
Se supo desde el 2011 que José Luis Abarca y su esposa Ángeles Pineda amasaron una gran fortuna mediante el narcotráfico y que sus hermanos tenían años en la organización que un principio comandaba Joaquín Loera el Chapo Guzmán.
También se habló entonces de que en su designación para la candidatura intervinieron Ángel Aguirre Rivero gobernador del estado, Marcelo Ebrard, Sebastián de la Rosa entonces dirigente estatal del PRD y que Andrés López Obrador también brindó su apoyo además de que Lázaro Mazón era el hombre de AMLO en el estado y el padrino político de Abarca. La idea era impulsar a Lázaro Mazón como candidato a la gubernatura del estado por Morena.
También se multiplicaron los casos en los que candidatos y alcaldes fueron extorsionados o asesinados por bandas del crimen organizado. Fuera de la consignación de los hechos en la nota roja, no hubo mayor reacción.
Aquella noche en que ocurrió la tragedia los primeros datos evidenciaban que:
Un grupo de 120 estudiantes de primero, segundo, tercero y cuarto grado de la normal de Ayotzinapa, ubicada en Tixtla, a 16 kilómetros de Chilpancingo fueron sacados de sus aulas para obtener dinero y autobuses para ir a la marcha del 2 de octubre que tendría lugar en la ciudad de México.
Que se ejerce un doble gobierno al interior de la normal. El rector solo tiene una representatividad institucional y relativamente administrativa.
La Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) es quien decide la parte política y las movilizaciones del alumnado. Por ello el rector no tuvo voz ni voto en esta decisión.
Los normalistas salieron aproximadamente a las seis de la tarde en dos autobuses Estrella de Oro hacia Iguala, dado que elementos policiacos les impidieron ejercer su acción en Chilpancingo.
Llegaron a esa ciudad, al filo de las nueve de la noche, se apoderaron de los autobuses, donde su intención era tomar otros dos autobuses, de la empresa Costa Line. “Iban con rumbo a la carretera federal que lleva a… Chilpancingo, cuando fueron interceptados por camionetas oficiales de la Policía Municipal”, según algunos testimonios de los sobrevivientes.
La versión de la Fiscalía de Guerrero, es que pasadas las nueve de la noche, al detener la marcha de los otros dos autobuses, los estudiantes se bajaron y tomaron unas piedras que empezaron a aventarles a la Policía Municipal, corrieron porque eran pocos y los estudiantes trataron de mover la patrulla que les estorbaba el paso. En ese momento arribaron al lugar cinco o seis patrullas más… y los elementos que venían a bordo de las mismas empezaron a disparar a una distancia aproximada de 100 a 150 metros con las armas de fuego que portaban, por lo que los estudiantes corrieron hacia la parte trasera del autobús para cubrirse de los impactos de bala. Posteriormente salieron con las manos en alto; sin embargo, los policías siguieron disparando.
En varias calles de Iguala y en la carretera quedaron cuerpos de normalistas y lugareños tirados, algunos de ellos tapizados de balas. La Fiscalía recuperó 193 casquillos percutidos de diferente calibre. Veintidós policías municipales dieron positivo en la Prueba de Lunge, que confirmó que habían disparado sus armas.
En esos mismos minutos, también fue agredido otro autobús en el que viajaba un equipo de futbol de tercera división, Los avispones de Chilpancingo. Al llegar a la desviación a Santa Teresa, el autobús fue emboscado por un comando de hombres armados que se confundían en la oscuridad. La primera ráfaga descarriló al vehículo y lo envió a un pequeño barranco junto a la carretera.
Los tripulantes se lanzaron al pasillo y entre los asientos para cubrirse mientras las balas atravesaban la lámina con un sonido seco, como si granizara, recordarían algunos jugadores. Nadie del equipo pudo precisar cuántas ráfagas les dispararon. Sólo recordarían que el atentado apenas duró unos pocos minutos.
Una primera explicación al respecto fue que su victoria sobre el equipo de Iguala tiró los momios y el dinero que se corre es muy grande. Después se dijo que fueron confundidos con los normalistas El caso es que el tema de los Avispones quedó soslayado.
Inaky Blanco, entonces Procurador de Guerrero afirmó en conferencia de prensa que las investigaciones en el caso de los normalistas desaparecidos revelaron que policías de Iguala habrían entregado a 17 normalistas al grupo delictivo Guerreros Unidos, quienes habrían sido asesinados.
Esta información, se desprendió de las declaraciones de Martín Alejando Macedo Barreda, vendedor de narcóticos, y Marco Antonio Ríos Berver, sicario de Guerreros Unidos, ambos detenidos en días posteriores, confesaron haber asesinado a 17 normalistas, a quienes trasladaron a la parte alta de un cerro de Pueblo Viejo, donde mantenían fosas clandestinas.
Según esta versión, habría sido El Chuky, un líder de la organización criminal Guerreros Unidos, quien ordenó la ejecución de los estudiantes.
Explicó que con las declaraciones de estos dos detenidos se logró identificar a 30 miembros de la policía municipal preventiva de Iguala como integrantes de los Guerreros Unidos.
Asimismo en una primera instancia se encontraron seis fosas en un perímetro de unos 200 metros con decenas de restos humanos en descomposición.
También se precisó que en los homicidios de los estudiantes de la Normal Rural, de las dos personas que viajaban en el autobús del equipo de futbol Avispones de Chilpancingo, y de una civil que transitaba por el lugar en un taxi, participaron elementos de la Secretaria de seguridad pública de Iguala vinculados a la delincuencia organizada y sicarios a su servicio, particularmente del grupo Guerreros Unidos.
Julio César Mondragón era uno de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa muerto en una balacera en Iguala con la particularidad de que había sido desollado.
De 22 años, Julio César se fue a vivir a la Normal a mediados de julio del 2015, un mes antes de que naciera su hija, Melissa. El era originario de San Miguel Tecomatlán, Estado de México.
Cuando Marisa Mendoza, su esposa, llegó a la Normal de Ayotzinapa, los estudiantes que viajaban en el camión con su esposo le contaron lo que había pasado durante la balacera.”Me dijeron que fueron a una actividad y que ya venían de regreso cuando los interceptaron unas patrullas. Y que los chavos se bajaron amablemente diciéndoles que por favor les permitieran el paso, entonces los policías comenzaron a dispararles. Sin ninguna razón”.
Pero también dijo que perdieron el contacto desde que Julio Cesar llegó a la normal e incluso cuando llamó, no se lo comunicaban.
Hasta aquí las cosas es claro que el modus operandi es de una acción de sicarios del narcotráfico. Pero no se tiene un móvil claro que explique el desollamiento de un normalista, ni el ataque armado de que fueron objeto los otros.
En el mundo del narco las muertes tienen un mensaje. En estos hechos solo falta saber el destinatario. El desollamiento se le aplica a quien ha sido descubierto como doble agente.
Dos elementos clave
Desde entonces ya se hablaba de que la existencia de un quinto autobús que cayó en poder de los normalistas. Si sabían que dicha unidad llevaba un cargamento de drogas, armas o dinero, aun no se puede determinar. Pero este sería un móvil de la agresión tan cruenta.
El otro elemento clave es Bernardo Flores Alcaraz, alias El cochiloco, quien comandó a dicho grupo. Él tenía la intención de llegar más lejos, de ir a los municipios y ciudades que normalmente no recorrían, sabia que ahí se podría conseguir más recursos, solo había que tomar más riesgos y esa fue la actitud que mostró en esa noche.
Fue él quien los arengo y guió, según se muestra en los videos y tras el primer enfrentamiento y se dirigieron a la central de autobuses al salir el retén parecía común, pero cuando trataron de hablar con los policías empezaron los disparos. Y nadie supo qué hacer.
Conocer el destino que tuvieron los 43 continúa siendo un imperativo, un reclamo legítimo de justicia, fuera de los fanatismos y la violencia irracional con que se ha enarbolado la causa y que no nos ha acercado a ese objetivo, más bien parece que nos lleva a un laberinto.
Debe reconocerse la alianza Padres de Familia-CETEG-Ayotzinapa ha incurrido en desviaciones que deben ser corregidas y excesos que ameritan sanciones; hay ineficiencias y torpezas, abusos de autoridad y hasta crímenes que deben ser investigados y sancionados con todo el rigor de las leyes, si es necesario. Pero también hay abusos de los manifestantes que van en detrimento de la sociedad guerrerense y pareciera que muy pocos quieren ver esto.
No solo desaparecieron 43 normalistas. La entidad parece una gran fosa en la que existen restos humanos que se encuentran condenados al olvido.
