Patricia Gutiérrez-Otero
La Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, no está escrita propiamente como una relación de hechos, sino como una defensa legal en la que el autor pretende conseguir un objetivo: la intervención del príncipe Felipe con el fin de contener la violencia de la conquista que, llena de codicia y crueldad, ocasionaba tanto la desgracia física y espiritual de los indígenas, como la pérdida de credibilidad del cristianismo y una considerable merma económica y de honor para el Rey.
En este sentido la relación de hechos no es objetiva, es hiperbólica. Los indígenas son los buenos, los conquistadores (“tiranos”), los malos. De las Casas no hace una distinción al interior de ambos grupos, tanto los nativos de Cuba, como los de la Dominicana, los de México (Tenochtitlán), Florida o Perú son descritos de la misma manera. Físicamente no eran fuertes; su alimentación era magra pues comían poco; su tecnología de guerra era débil (lanzas y un cuerpo desnudo); su talante era servicial, dócil, generoso, fácil de evangelizar hablando con ellos. Cuando los indios atacaban era sólo de manera defensiva. Los “tiranos”, por su parte, comían en demasía; usaban armas poderosas, se cubrían el cuerpo, tenían caballos, y eran movidos por la ambición y la codicia, causando estragos en la población nativa ya sea por las matanzas realizadas para infundir miedo y para saquear, así como por la reducción de hombres y mujeres al estado de esclavitud para trabajar principalmente en minas, servidumbre que los llevaba a la muerte. De las Casas no duda en enfatizar continuamente que las crueldades de los conquistadores eran terribles y que iban en aumento, hasta la de dar indígenas como alimento para sus perros.
A pesar del tono apologético, hiperbólico y casi maniqueo necesario para lograr su fin, la narración de Las Casas no deja de mostrar la desigualdad de fuerzas entre los conquistados y los conquistadores, ni el móvil que perseguían los segundos: la riqueza representada en particular por el oro. Dice en uno de los pasajes en que unos indios hablan del por qué los cristianos los maltrataban: “[…] porque tienen un dios a quien ellos adoran y quieren mucho, y por habello de nosotros para lo adorar nos trabajan de sojuzgar y nos matan”. Tenía cabe sí una cestilla llena de oro en joyas, y dijo: “Veis aquí el dios de los cristianos […]” (mis cursivas).
Leída con estas salvedades, Brevísima es un texto obligatorio para todo mexicano porque nos ayuda a conocer en parte nuestra historia, así como los móviles que atraen a quienes tienen un afán conquistador: la obtención de riqueza y de mano de obra barata. Quizás una lectura concienzuda y dialogada permita entender qué actitud hizo factible aquella conquista y ésta.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se respete la Ley de Víctimas, que se investigue seriamente el caso de Ayotzinapa, que el pueblo trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio radiofónico.
Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas en la versión crítica, muy recomendable a pesar del cambio en la puntuación, de José Miguel Martínez Torrejón de la Universidad de Alicante (http://www.cervantesvirtual.com/obra/brevsima-relacin-de-la-destruccin-de-las-indias-0/).
