Artículo Exclusivo para Siempre!
Carlos Arrieta
La violencia no es deseable ni debe permitirse en ninguna de sus expresiones; sin embargo en Guatemala ha sido una de las herramientas ciudadanas utilizadas en la última semana para mostrar su hartazgo ante el yugo político relacionado con actos criminales y de abuso de poder.
Apenas este 13 de octubre, habitantes del municipio de Concepción sacaron de su domicilio, golpearon, lincharon y quemaron vivo hasta darle muerte al alcalde de esa región, Basilio Juracán Leja.
Los pobladores argumentaron que le dieron muerte al alcalde por ser el responsable de un ataque armado que se produjo por la mañana contra el excandidato a la alcaldía Lorenzo Sequec Juracán, del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), quien fue tiroteado cuando viajaba en una furgoneta junto con su familia por una ruta que conduce a Concepción.
De acuerdo a los informes policiales, por órdenes de Basilio, una decena de personas dispararó en contra del político Lorenzo Sequec, Lesbia Noraida Sequec de 17 años, y Hermelinda Toc Bocel, de 16, hija y sobrina de Sequec, respectivamente, e hirieron a otras cinco personas más, entre ellas el político.
Al conocerse el crimen, un grupo de vecinos culpó al alcalde y fue a buscarlo a las viviendas de sus familiares que prendieron fuego al no hallarlo. Finalmente, la turba lo localizó en su casa y lo agredió hasta matarlo.
Apenas el 3 de septiembre pasado, el levantamiento social en Guatemala, obligó a que la Cámara de Representantes de ese país retirara el fuero y después relevara del cargo al entonces presidente Otto Pérez Molina, por corrupción, y acusado de liderar la red de corrupción aduanera “La Línea”.
Esta red de corrupción encabezada por el hoy depuesto y encarcelado expresidente Otto Pérez, costó decenas de muertes y abusos por parte de su mandato.
De acuerdo con la investigación de más de 18 meses, Pérez Molina supuestamente dirigía la red clandestina dentro de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), con la complicidad de al menos 28 personas, incluida la exvicepresidenta (2012-2015) Roxana Baldetti, en prisión desde el 21 de agosto.
El 23 de agosto, semanas antes, también el sentir social se impuso y se le aplicó la ley a rajatabla al ministro de salud de ese país Luis Monterroso, el quinto funcionario del gabinete del presidente Otto Pérez Molina.
Ya habían renunciado los titulares de Educación y de Economía, la excomisionada para la Reforma Policial, Adela Camacho de Torrebiarte; y el excomisionado para la Competitividad, Juan Carlos Paíz, respectivamente.
Esto solo habla de que la ciudadanía cansada de tener el pie político y corrupto en su cuello, por lo que decidieron hacer valer su poderío social en masas y tomar cartas en el asunto para desprender esos quistes cancerígenos que tanto daño les han hecho por muchos años y que hoy los tienen como uno de los países más e inseguros del continente americano.
Pero ahora hay que trasladarse de Guatemala a “Guatepeor”, porque en un contraste, mientras en ese vecino país ubicado al sur de México hacen valer su poderío y derechos humanos, en tierras aztecas hasta los premian con el ejercicio de la “democracia” actual que los mantiene en diferentes cargos públicos.
Se podría hablar de muchos personajes en los que es tan evidente su grado de corrupción, su vínculo con el crimen organizado y su relación con las mafias políticas que operan en la República Mexicana al interior de los institutos partidistas y de las instituciones que este espacio sería interminable.
No obstante México no ha despertado y se sigue la tradición de “Más vale malo por conocido, que independiente por conocer”. Pero esto de la independencia es solo un dicho compuesto, porque al menos ya Jaime Rodríguez “El Bronco”, gobernador emanado del “apartidismo” y la “ciudadanizaciín electoral”, apenas lleva unos días en el cargo y ya se siente en lo cuernos de la luna.
Su arrogancia, soberbia e ignorancia los sacó a flote apenas rindió protesta. Ahora ya es una inalcanzable estrella para la ciudadanía y un político más, otro del montón, de los que acostumbran enamorar el oído de los electores, para que una vez ganada la contienda, les regrese con ingratitud el mal pago a la confianza que le brindaron.
Jaime Rodríguez, ahora ya se sumó al sector de los mentirosos gobernantes que son tan pobres, que lo único que tienen es dinero… Se subió al tabique y se mareo, pues.
