Juan Antonio Rosado

Tal vez la función didáctica de la literatura sea una de las más antiguas y prestigiosas, siempre y cuando no atente contra la función estética. Ejemplos de narraciones en verso o prosa que a la vez que narrar argumentan para atacar un determinado comportamiento, emitir valores morales o aconsejar son el Panchatandra y el Hitopadesa, entre otros muchos libros de la antigua India; las fábulas de Esopo o de Fedro, en la cultura clásica, y ya en la Edad Media occidental, una lista de obras que sería prolijo enumerar. Destaco dos poco conocidas por el público en general: las Fabulae (s. XIII), escritas en latín por el inglés Odo de Chériton, y el anónimo Libro de los gatos, libro español que traduce y adapta a Chériton en el siglo XIV.

Carmen Armijo, apasionada de la música y literatura medievales, dedicó años al minucioso estudio de los manuscritos. El resultado es un extenso libro en que se nos devuelve con amenidad y sencillez el complejo mundo que subyace tras aquellas obras: Fábula y mundo. Entre Chériton y el anónimo español hay un siglo y medio de distancia; los espacios son distintos, así como las lenguas empleadas. Sin embargo, existe un rasgo autoral: “las adaptaciones del clérigo castellano a su época implicaron una recreación y actualización muy valiosa del libro de Odo de Chériton”. Recreaciones y actualizaciones similares se habían hecho ya antes. Pensemos, por ejemplo, en el Calila e Digna respecto del Panchatantra. Además, Armijo advirtió dos elementos en la visión del mundo: el ideológico y el lingüístico. Pero la autora va mucho más lejos: nos muestra en los cuentos de Odo el influjo de la recopilación que realizó, en latín, el español Pedro Alfonso de diversos cuentos orientales. Con Disciplina clericalis, de Alfonso, se inicia el género de los exempla. Así se cierra el círculo: de España a Inglaterra y de allí nuevamente a España, pasando por Francia, pues Odo estuvo influido por esta cultura.

Fábula y mundo se divide en cinco partes, cada una con varias secciones. Al final, hay un apéndice y se incluye ilustraciones que nos remiten al bestiario medieval y a imágenes del diablo, entre otras figuras. Odo escribió en latín después de 1225. La lengua inglesa no era muy usada para escribir en aquella época. No sería sino hasta el siglo XIV cuando este idioma sea socialmente aceptado; un ejemplo son los Cuentos de Canterbury (1380), de Chaucer. Ambos autores, al igual que el Libro de los gatos y muchos otros ejemplos medievales, critican la corrupción y, por tanto, a muchos miembros de la Iglesia. El libro de Armijo no se centra en los textos como tales: los contextualiza geográfica e históricamente, por lo que no deja cabo suelto. Tras la lectura de esta investigación, penetramos en un mundo ya desaparecido, pero cuyos textos literarios siguen siendo de gran actualidad.

 

Carmen Elena Armijo Canto, Fábula y mundo: Odo de Chériton y el Libro de los gatos. UNAM, México, 2014; 388 pp.