Carlos Ángel Arrieta
Desde que se aprobaron las modificaciones al Código Penal y a la Ley de Salud en el Distrito Federal que permiten la despenalización del aborto, en abril del año 2007, y hasta el mes de julio del año en curso, más de 145 mil 303 mujeres han hecho uso de este servicio en el DF.
Contando el Distrito Federal que agrupa 105 mil 251 de los casos, es en diez estados de la República donde se concentra el 99 por ciento del total de las interrupciones legales de embarazo ejecutadas.
Al DF se suman en orden descendente el Estado de México, con 35 mil 197 casos; Puebla con 816; Hidalgo, con 646; Morelos, con 473; Jalisco, con 339; Querétaro, con 333; Michoacán, con 313; Veracruz con 271 y Guanajuato con 268.
Hablar de las estadísticas que rodean este preocupante fenómeno social, considerado ya como un problema de salud pública, enciende las alarmas que el grueso se niega a reconocer: conforme avanza el tiempo, son más las mujeres que deciden responsablemente si quieren embarazarse o no, y si se practican alguno de los procedimientos permitidos para impedir la gestación en caso de que ya estén embarazadas.
A pesar de ese reconocimiento tácito de las mujeres que quieren decidir si pueden o no con un bebé en los brazos, los datos siguen fluyendo en cámara lenta. Hay organizaciones como el Grupo de Información en Reproducción Elegida –Gire-, cuyo manejo de las estadísticas es ya un referente a la hora de consultar el tema.
Fundado en 1992, esta organización recopila, sistematiza y difunde información sobre derechos reproductivos, y ha dado puntual seguimiento a la línea ascendente de los embarazos interrumpidos por la vía legal en la ciudad de México.
La organización, sin fines de lucro, retrata plenamente los números duros y fríos que hablan de la verdadera problemática que antecede al embarazo no deseado: falta de información adecuada y suficiente, carencia de orientación, ignorancia, irresponsabilidad, pobreza, etcétera.
Y es que la información que procesa Gire sólo habla de los datos de las mujeres que acuden a la capital del país a practicarse un procedimiento asistido; pero el sub-registro de abortos clandestinos es muy superior a esa cifra.
Un ejemplo de ello es el estudio sobre el aborto inducido en México, elaborado en el 2008 por el Colegio de México, Alan Guttmacher Institute y la oficina del Population Council, en cuyo resumen se resalta un dato que se antoja escalofriante: en el 2006, más de 874 mil 747 mujeres abortaron en dudosas condiciones de atención y sanidad.
Por eso la importancia de que las mujeres mexicanas tengan por lo menos una opción a la hora de tomar decisiones tan importantes en sus vidas, como lo es el tener un hijo.
Los datos de esas 145 mil 313 mujeres que decidieron abortar emiten señales en otros aspectos sociales igual de importantes en comparación a la salud física.
Así, del total de mujeres que se practicaron el procedimiento entre el 24 de abril del 2007 al 31 de julio de 2015, el 69.8 por ciento lo hizo antes de cumplir la octava semana del embarazo; en el 35.2 por ciento, son mujeres dedicadas al hogar las que acudieron a las clínicas autorizadas; un 25.1 por ciento son estudiantes y un 23.8 por ciento, empleadas. Además, el 34.5 por ciento de esas féminas no tienen hijos.
Contrario a lo que se pudiera suponer, el 5.2 por ciento de esas mujeres han reincidido y se han practicado más de un procedimiento abortivo; En México, la tasa de incidencias de abortos es de 44 por cada 100 nacidos vivos.
El aspecto religioso es igual de importante toda vez que, a pesar de su formación espiritual a la hora de tomar la decisión ese aspecto se queda un poco de lado al ser un tema tabú entre los fieles. Se cuenta entonces que el 61,9 por ciento son mujeres católicas; el 33.6 por ciento dijo no practicar ninguna religión en particular y el 2.5 por ciento señaló ser cristiana.
Pero sin duda las cifras que son un fuerte jalón de orejas a las autoridades, son las que se intercalan en la línea ascendente del número de mujeres que solicitaron el servicio:
Mientras en el 2007 se practicaron únicamente 4 mil 99 casos; un año después la cifra se incrementó a más del doble, es decir, 13 mil 404 casos.
El crecimiento de esa estadística fue sostenido a la alza durante los siguientes años (2009 y 2010) y alcanzó los más de 20 mil casos a partir del 2011. El 2014 lo cerró con 20 mil 526 procedimientos y en los primeros seis meses de este 2015, se llevan ya más de 11 mil 676 casos.
Los fríos números que maneja Gire debieran ser el mayor y más desesperante de los llamados de atención a las autoridades sanitarias para reflexionar en torno a las políticas que trazan las directrices de la salud reproductiva, la materno infantil y, en general, todas esas estrategias encaminadas a las féminas.
Permitir que la mujer decida libremente sin temor a ser juzgada, con todas las garantías médico-sanitarias, no va a abatir ni a incrementar el número de embarazos no deseados, esos ya existen, ya están y siguen dándose, lo dicen los números; pero sí marcará un hit en la defensa de la salud y el bienestar de las mujeres mexicanas que hablará de respeto y libertad, de autoprotección y cuidado, de ahí la importancia de ver este tema con sentido común y sin prejuicios.
