México es el país con más gordos en toda América Latina, donde la mitad de su población adulta, es gorda. Nuestro país se anda dando al tú por tú con Estados Unidos en incidencia. El sobrepeso y la obesidad, así como sus daños colaterales, representan la primera causa de muerte en territorio nacional. Todos -casi- lo sabemos, pero pocos, muy pocos hacemos caso.

Lo que casi nunca dicen, y si lo dicen nos hacemos ciegos, sordos y locos, es que ese sobrepeso y obesidad provocan más muertes que la propia hambruna, en un mundo donde hasta la gordura es tema globalizado.

En nuestra nación, la generación obesa rompió todos los paradigmas y expectativas, y se consolidó además como la mayor amenaza de la economía mexicana.

De no meter freno de mano, y rápido, según estudios publicados por Forbes y el Instituto Mexicano de la Competitividad, el sobrepeso y la obesidad podrían costarle a la economía mexicana más de 12 mil 500 millones de dólares en el 2017, es decir, dentro de dos años.

Son los kilos más caros en toda la historia mexicana, de América Latina, de Europa, Asia, África y hasta el Ártico.

Económicamente, la ola gorda es la amenaza más peligrosa que se ha cernido sobre el país en las últimas décadas en todos sus aspectos, y todos sus aspectos, además, están vinculados al dinero:

Ser gordos es un factor de riesgo de discapacidad y muerte, asociado a la diabetes mellitus, padecimientos cardiovasculares, hipertensión arterial, trastornos óseos, musculares, cáncer, artritis y una larga, muy larga lista de enfermedades, algunas tan raras como la deficiencia en el receptor de la melanocortina 4 (MC4R), que es la forma más común de obesidad monogénica identificada hasta ahora.

La obesidad es la mayor causa de gasto en el erario público por el costo que representa tratarla, genera altas pérdidas económicas, reduce la competitividad, disminuye la productividad laboral, es factor de pobreza, y es también, en contraparte, la principal causa del enriquecimiento y expansión que registran las grandes empresas trasnacionales, como la que vende pollo frito, la pizza de los treinta minutos y los refrescos que engendran las firmas de las colas.

Los números no mienten… y las enfermedades tampoco.

En México, por ejemplo, hay más de ocho millones y medio de habitantes con diabetes mellitus dos. Se enfermaron debido al sobrepeso y la obesidad que tienen. De ellos, sólo la mitad ya cuenta con un diagnóstico confirmado y están en tratamiento, el resto no.

Cada año, por este padecimiento, cerca de 60 mil personas pierden la vida, la mitad de ellos, en plena edad más productiva. Incongruente.

La diabetes mellitus dos le cuesta al Estado mexicano más de 85 mil millones de pesos al año; tres cuartas partes de ello por tratamiento médico; 15 por ciento son pérdidas por ausentismo laboral (cada año se van a la basura más de 400 millones de horas laborables), y el resto por mortalidad prematura.

Lo paradójico es que para cualquier persona gorda, le resultaría 20 veces más barato cambiar de hábitos que pagar el tratamiento de su enfermedad, la cual, por cierto, en el caso de la diabetes, es casi permanente de no atenderse a tiempo y en forma.

El sobrepeso y la obesidad, como insiste el gobierno en llamarle a la gordura, no respeta religión, colores ni credos. Aunque sí marca segmentos.

Por ejemplo, son más las mujeres gordas, que los hombres. Y es cada vez más frecuente entre infantes más pequeños.

Antes, ser gordo era señal de salud. Hoy, también es señal de salud, pero de una salud quebrantada a punto de colapsar.

 

Carlos Arrieta