Charla con Héctor Carreto/Autor de Testamento de Clark Kent
Eve Gil
El título del más reciente poemario de Héctor Carreto Testamento de Clark Kent rebasa por mucho la intención de jugar con las palabras o con la poesía misma. Más que oda a Clark Kent, la identidad secreta de Supermán, se trata de un canto a aquellos que escapan —o quieren escapar— de lo cotidiano; a los llamados frikies; a quienes poseen capacidades que los apartan del resto, a quienes vuelan sin pudor a través de su imaginación, por lo que termina siendo más emotivo y conmovedor que meramente divertido.
El autor podrá discrepar con mi percepción, pero la magia de la poesía consiste en adaptarse a la sensibilidad de cada lector. En lo que está totalmente de acuerdo es en que no es común, respecto a los poetas mexicanos de su generación, “jugar” como hacían Efraín Huerta o José Emilio Pacheco, quienes consideraban que todo asunto relacionado con el ser humano era materia para un poema.
“La poesía mexicana es especialmente solemne —señala Carreto—. Cuando la poesía mexicana es seria, está bien,pero cuando cae en lo solemne se vuelve sumamente aburrida. Y, si además de eso, es hermética, peor. Como en las demás expresiones artísticas, hay varios caminos; uno de ellos es como en el Por Art de las artes visuales, hablar de las cosas, objetos y mitos cotidianos; hablar con ironía, con crítica, del mundo que nos rodea”.
Supermán es lo aparente
¿En qué instante vislumbró —le pregunto a Héctor— el potencial poético de este personaje de cómic, que, recientemente, ha sido objeto de una película a la altura del mito, protagonizada por grandes actores?
“Pude haber elegido a Helios o a Quetzalcóatl. A los de la Antigüedad los llamamos dioses; a los actuales, superhéroes. Tanto los antiguos como los modernos vienen del cielo, vuelan y poseen poderes superiores a los de los humanos. Me llamó la atención que Supermán viene de otro mundo, da todo por el bien de nuestro planeta y no terminamos de agradecérselo. Posiblemente un día termine sacrificado”.
(…) Mi reino no es de este mundo, lo sé,
pero no busco competir con Jesús.
Pregunto a Carreto si en este caso la oposición Clark Kent/ Supermán funciona como una metáfora de la doble cara que debemos manejar en sociedad y la tendencia de juzgar las cosas de manera superficial. ¿Por qué a veces parecería que Clark Kent preferiría ser realmente él —un reportero inicuo de medio pelo— y no el príncipe extraterrestre con una misión mesiánica?
“Hablar de Clark Kent/Supermán es hablar de lo aparente, que es uno de los rasgos de la sociedad occidental contemporánea. Supermán se disfraza de Kent para dar otra apariencia y viceversa. Lo que le falta al cómic es el contexto sociopolítico, entre otras cosas. Y esa fue uno de los motivos para escribir sobre Clark/Supermán. Ver qué ocurre con su postura social, con su sentimiento de soledad, con su conciencia de envejecer”.
Búsqueda para emerger
Testamento de Clark Kent presenta muchas variantes sobre el tema y muchas posibilidades alternas a la historia que ya conocemos. Cuando pregunto al autor cómo es que decide otorgarle a Luisa Lane el poder de volar, afirma rotundamente que ella nunca vuela, a no ser que sea en los brazos de Supermán. Pero es como yo interpreté los siguientes poemas.
Después de mucho tiempo, Clark descubrió que Luisa L. también tenía otra vida secreta.
Aunque mi vista atraviesa los muros más gruesos, no puedo ver lo que piensa Luisa ni lo que siente y desea. Ni siquiera su piel bajo la crema.
Varios versos o aforismos sugieren la posibilidad de volar surcando los recuerdos en vez de los cielos. Oscilan entre la realidad concreta y la fantasía, porque en cierto modo Clark Kent se parece a cualquiera que conozcamos, por lo menos en la superficie. Y detrás de alguno de ellos hay un Supermán que lucha por emerger: un escritor, un músico un actor, un músico, alguien maravilloso a quien la educación “metió en cintura” para que la temprana vocación no trastornara el inminente destino del burócrata.
(…) Pero, ya ve usted, mientras uno crece/ le hacen trizas los sueños,/ ya en el colegio, ya en las oficinas,/ los amigos, las mujeres,/ Mi Clark no vuela más./Ahora es un hombre de bien,/ anclado a un paralítico escritorio;/ un hombre, como dicen, con los pies en la Tierra.
Pregunto a Carreto si se identifica en algo con el testamento que Clark depositó en sus manos. Una vez más, rehúye entregarse a su propio juego fuera del espacio privado de la poesía; a desdeñar la metáfora en una charla periodística, sin café. Dice no comprender mi pregunta. Luce tan apurado como si él mismo hubiera absorbido la psicología de su personaje y no viera la hora de encerrarse en algún compartimiento —no existen más las cabinas telefónicas, en México no existieron nunca— y transformarse en lo que sus lectores esperan de él, ganador del Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer, X Premio Luis Cernuda de España en 1990, el Nacional Aguascalientes 2002 y miembro del Sistema Nacional de Creadores.
Cuando le hago una última pregunta, que es la que habitualmente realizo a mis entrevistados -¿Een qué trabaja actualmente?, ¿otro libro en puerta?—, Carreto recoge su sombrero y responde antes de alzar el vuelo: “Trabajo en un proyecto que no tiene que ver con ningún superhéroe”.
Mejor me protejo con anteojos/ me fundo con la masa/ y me arrastro calles arriba.
Héctor Carreto nació en la ciudad de México en 1953, y Testamento de Clark Kent está publicado por Almadía, México, 2015.
