Ricardo Muñoz Munguía
La voz nace del árbol, de los animales, de las sombras…, nace esa voz que atrapa la poeta Coral Bracho para desplegarla, como si de un ave se tratara y la arrojara al viento, a los escenarios de la naturaleza y sus colores.
El libro Marfa, Texas (ERA / Dirección de Literatura [UNAM], México, 2015; 80 pp.) se construye con la presencia de árboles, con los ecos de los animales, con los colores de la realidad, con las sombras del ocaso. Es ésta la tinta que corre a lo largo de las páginas del más reciente volumen de Coral Bracho (Ciudad de México, 1951), autora, entre otros libros, de Peces de piel fugaz, El ser que va a morir (con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes) y Ese espacio, ese jardín (con el que se le concede el Premio Xavier Villaurrutia).
La naturaleza también es cotidiana, así que además del cuerpo del árbol o los seres animales, se abren escenas que pertenecen al día habitual. Se abren tales escenas con los finos gestos poéticos, con ellos se consigue una fusión, y así: “Como tiburones a través de una playa tranquila/ pasan los camiones de carga/ y dan la vuelta/ antes de que termine el jardín”. O “A esta hora el cielo, el techo de la casa y el margen/ de las puertas son todos de una misma materia,/ brillante y tenue,/ que se cuela entre el espeso follaje/ y rodea a los grillos”.
Marfa, Texas, se agrupa en seis secciones, pero el interés primordial que abarca lo invisible por tan cotidiano, la poeta le inyecta el acento preciso y del peso exacto para combinar o darle forma entre naturaleza y vida diaria, entre aves que iluminan con su canto, nubes que se pasean entre gritos…, música que cobra asombro con la palabra: “¿Qué se dicen con fluidez tantos pájaros/ ocultos entre las ramas del pino?/ De pronto, uno pregunta./ Debe ser algo sobre el sol/ que ahora se extiende y se asienta/ entre los arbustos y hace que, desde ahí/ los insectos brillen”.
Así, pues, Marfa, sitio que pertenece a Texas, es la habitación de Coral Bracho, en la que aparecen los destellos que se iluminan conforme avanzan los folios de un poemario de claridades y sombras.
