Otorgaron el Premio Nobel de Literatura 2015 a Svetlana Alexievich, que nació en Ucrania y es hija de un militar de Bielorrusia, una de las repúblicas bálticas que se movilizaron, con Polonia, para la derrota de la Unión Soviética. Se suma a los disidentes de los regímenes socialistas distinguidos por la Academia Sueca, el más famoso de los cuales es Solzhenitsyn (por más que dejó de serlo cuando en parte se retractó).
La Nobel es la décimo cuarta mujer que obtiene este reconocimiento literario. (De ellas, Doris Lessing es, para quien esto escribe, la más notable, por no decir la mejor o lo que es lo mismo la que más me gusta). Muchos comentaristas han destacado que los libros de Alexievich están a medio camino entre la ficción y la llamada no-ficción, o por decirlo de otro modo, entre el periodismo y la literatura. Camino al parecer que ha tomado la literatura en los últimos tiempos, baste mencionar la “autobiografía” del colombiano Fernando Vallejo, los “desfiguros” de Sergio Fernández o la amplia gama de Elena Poniatowska, que va de La noche de Tlatelolco a Tiníssima o Leonora.
La Nobel 2015 ha escrito tres obras de este género, La guerra no tiene rostro de mujer, sobre la Segunda Guerra Mundial, en el cual sólo observa la suerte de las mujeres víctimas de los nazis en una especie de microhistoria, vale decir de historias personales, pero critica a los escritores que le dieron un tono épico a este acontecimiento, y todo estaría bien, si no fuera porque entre ellos está nada menos que Ellos murieron por la patria, de Sholojov, que a pesar del título poco afortunado es tal vez la mejor obra que se escribió sobre esa guerra, superior, me atrevo a decir, a Adiós a las armas de Hemingway, que es mucho decir. (Caminito de Berlín es un canto popular y no tiene un tono épico o exclusivamente épico).
Los chicos de zinc, sobre la guerra de la URSS con Afganistán, se centra en los soldados soviéticos cuando entran a Afganistán a combatir a los rebeldes islámicos muyahidinis, quienes apoyados por Estados Unidos, Pakistán, Irán, Arabia Saudita, China, Israel y, por supuesto, el Reino Unido, (antigua metrópoli de Afganistán), obligan a los soviéticos a retirarse y restablecen el Estado Islámico echando para atrás la entrada de las mujeres a la Universidad, la declaración de ilegal del comercio de opio y lo que es más importante, la separación del Estado y la religión. Por este libro, en el cual prestan testimonio madres de soldados soviéticos, la periodista hoy galardonada fue enjuiciada y ella misma reconoce que al menos unas 500 madres la increpaban durante el juicio por presentar a sus hijos, que ellas consideran héroes, como asesinos.
Su tercer libro, al menos del que los medios dan noticia, se titula Voces de Chérnobil y es sobre el desastre nuclear. Aquí tampoco argumenta, como muchos científicos lo hacen sobre el uso de la energía nuclear, sólo escuchamos el relato, desgarrador (si juzgamos por el fragmento publicado en Proceso) de las víctimas.
Si usted quiere completar el perfil ideológico de la escritora se menciona en la revista arriba mencionada que cuando vino a México estuvo en la casa refugio Citlaltépetl. (Carmen Galindo).
