El declive en el PRD


El que es elegido príncipe con el favor popular

debe conservar al pueblo como amigo.

Maquiavelo

José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

A pesar de la acreditada cooptación que el PRD ha abonado en la VII Legislatura de la Asamblea Legislativa para garantizar el control de cuantiosos recursos presupuestales designados a la Comisión de Gobierno por los antecesores de sus mismas siglas, para lo que no dudó en reeditar su pactito CDMX con otras fuerzas políticas, generar mayorías ficticias y con ello imponerse sobre la decisión expresada en las urnas que otorgó a Morena veinte diputados y más del 30% de la votación general, este 1 de octubre, la otrora casi hegemónica fuerza perredista, ahora en franco declive, enfrentó una irrefutable realidad al testimoniar la toma protesta de las y los dieciséis jefas y jefes delegacionales, de los cuales sólo seis son militantes del partido surgido hace veintiséis años.

Esta nueva correlación de fuerzas da al gobierno de la ciudad la posibilidad de demostrar qué tan sólido es el talante democrático que el pasado 17 de septiembre enunció el jefe de Gobierno en el curso de su III informe en el que, entre líneas, expresó haber entendido que la apabullante mayoría que le llevó a tener una de las más copiosas victorias electorales de los últimos tiempos le retiró su adhesión ante la corrupción, el nepotismo y la traición que niegan su lema de campaña “decidamos juntos”.

En sentido contrario a la apabullante realidad política de la capital, el PRD se aferra a seguir sintiéndose dueño de una ciudad que nunca le ha pertenecido, propietario de un territorio al que sus abyectas y criminales prácticas avasallaron hasta el pasado 7 de junio, día en el que la población, pacífica y decididamente, salió a reconquistar su espacio en nombre del espíritu democrático surgido de los escombros de los sismos de 1985.

La decisión ciudadana exhibe la derrota del PRD en diez delegaciones —de las cuales cinco serán gobernadas por Morena, tres por el PRI, dos por el PAN—, y de las seis que ellos retuvieron, cuatro de ellas enfrentarán una sólida oposición social, pues sus magros o impugnados triunfos han provocado la constitución de organizaciones sociales que votaron por la transparencia, por la honestidad de los servidores delegacionales, y exigirán una puntual rendición de cuentas, como ocurriría con la repulsa social ante las formas fraudulentas con que las defendieron.

A los perredistas les debe quedar muy claro: que ahora sólo administran el 28% del territorio del Distrito Federal; que de las seis demarcaciones en que serán gobierno, cuatro fueron sólidamente impugnadas por el resto de las fuerzas políticas; que su votación representa sólo el 23.39%; que en la ALDF eso les dio para obtener sólo quince diputaciones de mayoría, una plurinominal y que, tras un “desprendimiento” y la “compra” de dos diputadas del PES, sólo lograron acreditar como bancada diecisiete miembros contra la conformada por veinte representantes de Morena, para cuyos integrantes, como proponía Maquiavelo, conservar la amistad del pueblo que los eligió es una irrefutable máxima política.