En dos ocasiones participó en el Seminario de Historia dela Cultura en México, Elena Urrutia. En una ocasión, claro, habló de su tema, el feminismo. Recuerdo que se refirió, en particular, a este movimiento en la época de Carrillo Puerto. Llevaba un papelito, al que le daba vueltas, para leer sus notas, pero nunca perdió el hilo y nos contó en unas cuantas pinceladas unos hechos que nos interesaron y sorprendieron a todos los presentes. En la segunda ocasión, nos relató cómo, muy joven, ya casada, formó parte del grupo de Carlos Fuentes. Aquí fue una evocación y una crónica desde adentro, no nos habló del escritor, sino de un grupo de jóvenes que se divertían, que se aventuraban en la ciudad de México, en su vida nocturna. Aunque le pedí que escribiera lo dicho, tanto sobre el feminismo como sobre el grupo de Fuentes, me temo que nunca lo hizo. La recuerdo en La Habana, levantándose antes que todos para nadar o en la Casa del Lago, vestida para ir a montar a caballo. La última vez que la vi fue en su casa, comimos con Sergio Fernández, Hugo Hiriart y Gonzalo Celorio, por culpa del enfisema ya no subía al segundo piso, salvo en la noche para dormir. Una vez que viajó a Europa, la escuché hablar con Sabena para confirmar que podía subir con oxígeno al avión, pero se mantenía activa. La recuerdo organizando los homenajes a Rosario Castellanos y a Elena Poniatowska en el Colegio de México con participaciones superestelares. En Cuernavaca, con feministas de todos los colores. Pertenecía a una familia ilustre, pero nunca usó el apellido Lazo y siempre prefirió el de Oscar Urrutia, su marido por muchos años.
Borges y el inglés
Ahora que nos impusieron el inglés como segunda lengua en la llamada Reforma Educativa, cito esta anécdota de Borges que cuenta Roberto Alifano, su secretario o, como se llaman ahora, a la usanza hollywoodense, su asistente.
Relata en su libro que se titula El humor de Borges:
Podríamos llegar a afirmar que Borges poseía el don de lenguas. Leía y hablaba muy bien el inglés y el francés, y bastante bien el alemán e italiano. Por todos es sabido que fue profesor de anglosajón y que por afinidad tenía nociones de islandés. Conocía profundamente el latín y las raíces griegas. Citaba en todos estos idiomas con una armonía y una exactitud sorprendentes. Supo además hacer y recordar bromas filológicas.
Evocó una vez que Macedonio [Fernández] había dicho, refiriéndose a Leopoldo Lugones: “Sabe latín y sospecha el griego”.
En otra oportunidad me comentó: en nuestro país el idioma francés fue reemplazado por el inglés y el inglés por la ignorancia”
A propósito, vale la pena recordar que la propuesta de los maestros en Michoacán es “inglés no, purépecha sí”. Purépecha o cualquier otra lengua materna indígena. En Guerrero, como no pasaron la prueba de las 120 preguntas, llamada “evaluación”, se despidió a todos los maestros de educación indígena porque “no resultaban idóneos”. Seguro, aunque eran bilingües todos, no hablaban inglés, ni ellos ni sus alumnos. Ahora ya no tienen maestros ni buenos ni malos. Con suerte serán sustituidos (si lo son) por “promotores comunitarios”, léase personas que saben leer y escribir, pero que no son normalistas. (Sara Rosalía).
