El autor Fabio Morábito nos da a entender que la conciencia es un registro de nuestros actos, un testigo de nuestra conducta al cual llevamos a un tribunal secreto establecido en el fondo de nuestro corazón. La historia, También Berlín se olvida, apareció en 2004, ahora reeditado en 2015 por la Editorial Sexto Piso, y que al volverla a leer nos hace pensar en lo indispensable que es poner atención para poder vivir en este mundo de constante cambio, donde lo que fue verdad en un tiempo, ya no lo es. Donde la certeza se resquebraja cuando nos damos cuenta que la evidencia sólo era una parte de una ilusión, de una mentira creada conforme a nuestros pensamientos para tener una verdad con la cual contar para compartir y crear la ilusión de que existe algo magnánimo. Sí, es indispensable poner atención a lo fugaz de nuestras palabras, a lo que vemos y hacemos para saber que podemos ilusionarnos o más fácil mentirnos sobre lo perdurable. Y Morábito considera que “el hombre rehúye en el fondo cualquier forma de perpetuidad, y aunque una parte de él aspira a la hechura de cosas perdurables, otra más profunda le aconseja que no deje ninguna huella perenne”.
Esta obra también enmarca las experiencias como una creación de nuestros pensamientos, pues empezamos a juzgar según nuestras preferencias a lo que simplemente sucede o vemos, y es así que Fabio Morábito escribe su propia fantasía cuando el tren elevado S-Bahn transita por encima de las moradas berlinesas y podemos leer: “…cuando el S-Bahn, rozando los cuartos encendidos, regala a los pasajeros visiones fugaces de intimidad ajena, como una familia sentada a la mesa, alguien mirando la televisión… Es probable que algún usuario asiduo del S-Bahn haya visto algo más que eso, y me imagino que sorprender una cópula a esa altura y a esa velocidad debe ser como ver la esencia de la cópula, comprender por fin cómo nos ven los dioses”.
También Berlín se olvida (Editorial Sexto Piso, México, 2015; 100 pp.) es una obra que retrata a una ciudad donde el imaginario colectivo influye a los viajantes que buscan exactamente lo que les dijeron, un río que no existe en Berlín, una ciudad Rusa con su iglesia, la abolición de los signos de puntación a partir de la caída del famoso Muro, y la experiencia de lo magnánimo que siempre termina en desilusión.
En fin, También Berlín se olvida es una obra que no se olvida y que, para aquellos lectores que aman la buena prosa, es plausible su reaparición.
