La caída de Arturo Escobar, apuntala sin duda a la urgente necesidad de catapultar la desgastada imagen presidencial que mantiene una muy baja calificación entre la ciudadanía.

La necedad se paga caro y así lo pueden constatar hoy los círculos personalísimos del inquilino de Los Pinos. Cuando en septiembre se anunció con bombo y platillo la incorporación del amigo y líder del Tucán, Arturo Escobar y Vega, a la subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, miles de voces de rechazo se hicieron presentes.

Parece que no pero muchos mexicanos tienen memoria a largo plazo y aquél trágico día (puro drama), medio país recordó la maleta Luis Vuitton llena de dinero (un millón 100 mil pesos), que le aseguraron al ex líder del Verde Ecologista, durante su paso por el aeropuerto de Chiapas de Corzo.

Desde entonces la película de Escobar y Vega ha sido constante, latente. Es el más servil de los serviles con el Partido Revolucionario Institucional, eso es claro y es evidente; pero además, el hombre no se molesta en negarlo ni en ocultarlo y, como en las mejores historias, todo tiene premio.

Aunque inicialmente trataron de negar y hasta desmentir el chisme en redes sociales, emitiendo sendos comunicados oficiales desde la cúpula del PVEM, finalmente autoridades mexicanas dejaron ver que sí hay una investigación por parte de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), en un intento por corregir o ratificar la omisión del Instituto Nacional Electoral, ante quien primero se acusó a Escobar y Vega de los delitos electorales ya por todos conocidos.

Y aunque dicen que no, todo parece indicar que sí hay en vías una solicitud de la Procuraduría General de la República ante un juez federal para una orden de aprehensión contra Arturo Escobar y Vega.

A ojos de estudiosos que gustan de la lógica, era imposible que sí se aplicaran sendas y gordas multas al Partido Verde Ecologista de México por el reparto, indebido de miles de tarjetas Premia Platino, y el titular de ese instituto político, se pasara por el arco del triunfo tal delito, permaneciendo impune.

Las instituciones de gobierno han decidido guardar silencio. El PVEM dice que no es cierto; el propio Arturo Escobar eligió abandonar su cargo público para “abonar a la investigación”.

Y entre que son peras y son manzanas, la imagen del rubio ecologista, especialista del trapecio por aquello de su brincoteo entre uno y otro puesto en la función pública, volvió a rodar en el fango, y sigue ahí, por los suelos, sin el fuero que tanto le ayudó y sin la venia presidencial que, al parecer, ya le fue retirada.