BERNARDO GONZALEZ SOLANO

La seguridad absoluta no existe pero si se quiere evitar catástrofes aéreas como la del Airbus A320 de la compañía rusa MetroJet (Kogalimavia), que cayó el sábado 1 de noviembre en la península del Sinaí, cuando volaba desde el centro turístico egipcio de Sharm el Sheij con destino a San Petersburgo, Rusia, causando la muerte de las 224 personas (la mayoría rusos, cuyos cadáveres ya fueron localizados y enviados a su patria) que iban a bordo, los expertos adelantan que deberán aplicarse más estrictas medidas de seguridad para fortalecer el transporte aéreo. No solo cuando los pasajeros abordan el avión, sino al reforzar los servicios de Información y de Ciberterrorismo.

La mayor parte de los “contactos” entre radicales se realizan por las redes sociales y se calcula que DAESH (el mal llamado Estado Islámico, o ISIS en inglés) mantiene activas más de 14,000 cuentas en Twitter. Por lo mismo, la estrategia de los gobiernos es preventiva. La amenaza del radicalismo violento es global como quedó claro en las últimas conferencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En tanto, todo indica que la amenaza yihadista habría dado un salto significativo en su ofensiva contra los “infieles”, el atentado islamista logró uno más de sus objetivos.

Mientras, las investigaciones continúan. El contenido de las “cajas negras” del avión siniestrado confirma que “hubo una explosión en vuelo” y que esta “no fue accidental”, de acuerdo con un informador (no identificado por cuestiones de seguridad) que tuvo acceso a los registros de los parámetros de vuelo. Precisó que los registros permiten “escuchar claramente una explosión en pleno vuelo” de “forma brutal y repentina”. En una entrevista de la cadena de televisión francesa –France-2–, dijo la fuente que “los registros demuestran la inmediatez, el carácter repentino del caso”. Las dos cajas fueron ya analizadas, y tanto el gobierno como la prensa rusa que en principio negaban la posibilidad de un atentado, así como las autoridades egipcias, publicaron el viernes 6 las revelaciones dadas en Francia: “hubo una explosión no relacionada con el motor”. Si todavía había dudas al respecto, la inspección de los restos de la aeronave aclaró otras incógnitas. La pedacería de la nave analizada por los especialistas muestran impactos que van desde el interior hacia el exterior del fuselaje. En tanto, Vladimir Putin ordenó suspender todos los vuelos con destino a Egipto mientras se aclaran totalmente las causas de la tragedia.

No solo la TV francesa ha informado sobre la posibilidad de una bomba. La inteligencia de Estados Unidos de América está “99.9% segura” de que un artefacto explosivo derribó el avión ruso. Asimismo el espionaje británico filtró información parecida y según las pesquisas –obtenidas por comunicaciones interceptadas a militantes de DAESH en Siria y  Egipto–, la bomba evitó los controles del aeropuerto (de por si frágiles) y fue colocada en la bodega del vuelo KGL9268 que estalló en el espacio aéreo apenas 23 minutos después de despegar cuando sobrevolaba la turbulenta península de Sinaí, que prácticamente se encuentra fuera el control del Estado egipcio.

De acuerdo a esta versión, la bomba tuvo que haber sido colocada por alguien que pudo romper la “seguridad” del aeropuerto y la habría camuflado entre el equipaje de los desafortunados pasajeros. No se descarta la posibilidad de que un mozo a cargo de depositar el equipaje en la bodega haya sido sobornado o que sea militante del grupo yihadista. No se salvan de la sospecha los mecánicos que realizaron el examen visual del avión previo al despegue y otros empleados del aeropuerto. El presidente Barack Obama admitió, desde el jueves 5, que el atentado se cometió con un artefacto explosivo. El avión desapareció de los radares 23 minutos después del despegue, mientras cruzaba el espacio aéreo del Sinaí a una altura de 33 mil 500 pies de altitud (unos 10 mil 200 metros). En ese momento, un satélite militar de EUA registró un “flash” de calor precisamente en esa localización, “flash” que correspondería a una explosión. El aparato se desintegró y cayó vertiginosamente. Los restos se esparcieron sobre un radio de más de 20 kilómetros cuadrados, lo que no corresponde a un percance provocado por razones técnicas, como sería la falla de los motores.

Mientras son peras o manzanas importantes compañías aéreas decidieron no sobrevolar la Península del Sinaí porque las circunstancias en que cayó el avión ruso no “están claras”. Así, las aerolíneas Lufthansa, alemana, y Air France, francesa, decidieron “evitar la península egipcia porque las circunstancias y razones del choque no están claras”. Ambas compañías dijeron que eran medidas de precaución. La decisión afectará por lo menos diez vuelos diarios.

Los especialistas en aviación desde el principio descartaron la hipótesis de un incidente técnico, pues el piloto hubiera tenido tiempo de enviar un mensaje de alerta. Lo que quiere decir que fue sorprendido por la violencia de “algo” que ocurrió a bordo, según explica el expiloto Gerard Feldzer, consultor en accidentes aéreos. Las condiciones de vuelo eran excelentes, con tiempo calmo y despejado. El avión –un bimotor A321-200 Airbus– es considerado una aeronave fiable, con 20 años de servicio y mantenimiento en orden. Matriculado en Irlanda, su certificación periódica respondía a las normas de seguridad que rigen en la Unión Europea. El sitio Flightrador24, que registra todos los parámetros de los aviones a partir de las informaciones transmitidas por los “transponders” muestra que la catástrofe se produjo cuando el avión iba a 400 kilómetros por hora. En el momento del accidente, es decir, a las 04:13 (tiempo GMT), la velocidad cae a 0 km y la trayectoria del avión comienza un descenso abrupto que dura pocos segundos hasta que desaparece a unos 8 mil metros.

Horas más tarde, el grupo terrorista Wilayat Sina, la filial egipcia de DAESH, se atribuyó en un comunicado (cuya autenticidad no pudo confirmarse en el momento) el derribo del avión ruso. “Que sepan los rusos y sus aliados que no hay seguridad para ellos en la tierra de los musulmanes ni en sus espacios aéreos”, aseguró el grupo en un texto difundido en las redes sociales. “Mueren decenas de personas en el territorio de Shams (Oriente Medio) por los bombardeos de sus aviones y, al igual que matan, serán muertos”, recalcó. Además, en un mensaje sonoro lanzó la siguiente baladronada: “Le decimos a quienes lo niegan y lo ponen en duda: que mueran de rabia. Nosotros, por la gracia de Dios, somos los que derribamos el avión…Vayan a los restos, busquen, recuperen las cajas negras y analícenlas, proporcionen un resumen de la investigación y prueben que no lo derribamos o cómo lo hicimos…Desvelaremos el modo en el tiempo y forma que queramos”. Se agrega en el mensaje que el éxito de la acción terrorista, justo en el primer aniversario de la alianza con el Estado Islámico, “es una bendición”.

Hace seis meses, antes de que los  servicios de inteligencia británicos lo señalasen como el autor intelectual del derribo del avión ruso en la Península del Sinaí, el clérigo egipcio Abi Osama al Masri, convocó a los yihadistas a atacar a los jueces de Egipto: “Envenenen  su comida, vigilen sus casas, destruyan sus viviendas con explosivos, si pueden”, el típico llamamiento a la yihad individual que protagonizan los líderes islamistas de vez en cuando. Después, en el mes de mayo último, Al Masri juró lealtad a DAESH, un hecho que modificará sustancialmente el futuro de sus acciones ya que pasará de objetivos locales a otros más globales, como derribar en pleno vuelo un Airbus con 224 personas, incluyendo 25 niños.

Ahora, aunque todavía hay muchas incógnitas sobre el atentado, el gobierno británico aseguró que se busca al mencionado Abu Osama al Masri y que Gran Bretaña podría ayudar a su “muerte o captura” con el envío de fuerzas especiales a Egipto. Según el diario The Times, Abu Osama es un ulema de 42 años de edad, que estudió en la universidad de Al Azar y se dedicó durante algún tiempo a la importación de ropa. Al Masri dirigiría el grupo Wilayat Sinai, antes conocido como Ansar Beit al Maqdis (Seguidores de la Casa de Jerusalén). Su grupo opera en la provincia de Sinaí en los límites con Egipto. Es uno de los movimientos extremistas mas temibles de la región que ha jurado lealtad al DAESH, y se calcula que tiene entre 1,000 y 1,5000 efectivos. Empezó a destacar en 2012 cuando proclamó su responsabilidad en una explosión de un gasoducto que exportaba gas de Israel a Jordania. Después, fue acusado de disparar cohetes desde el Sinaí en Eilat, al sur israelí. Decapitaciones, tiroteos y atentados, son  algunos de los métodos usados por este grupo para extender el terror en la Península del Sinaí. Cada día se parece más al Estado Islámico.

Una vez que se demuestre absolutamente que Wilayat Sinai fue el autor del derribo del avión ruso, la pregunta lógica es ¿cuál será la reacción de Vladimir Putin? Seguramente no será nada tranquila. Los yihadistas, que parece no le dan mucho valor a la vida, pues sus “mártires” vuelan directo al Paraíso, podrían haberse equivocado de enemigo. Muy pronto se sabrá la verdad. VALE.