Carlos Ángel Arrieta
La posibilidad de arrancar los estigmas que rodean el tema de la legalización o permisión legal de la mariguana desató las más bajas pasiones entre leales y críticos en México.
La polémica es mayor en las últimas horas luego de que se confirmara que, por fin, la la Suprema Corte de Justicia de la Nación abordó y discutió el proyecto del ministro Arturo Zaldívar Lelo de la Larrea, quien presentó la propuesta -ya aprobada- para declarar constitucional el uso lúdico o recreativo de la marihuana.
Con su propuesta, el experto en derecho constitucional reventó la soga –que no la toga-, y detonó una serie de acciones de presión, como la fumada colectiva de la Mari Jane en las afueras de la SCJN. No tienen idea del monstruo que han creado, porque este es un tema de salud, no de seguridad.
Finalmente, el máximo tribunal de justicia en México no pudo delegar más la discusión y abordó de lleno el tema este miércoles. La sinrazón de muchos se elevó al máximo nivel posible. La disputa entre los que están a favor y los que están en contra se endureció fuertemente.
Discutir la posibilidad de que se legalice la producción, comercialización y consumo del enervante no es un mal paso; aprobarla sí lo fue y es sin duda un tropezón que costará vidas, al ser la drogadicción -al igual que el alcoholismo-, una enfermedad progresiva, incurable y mortal por naturaleza como lo ha estipulado la OMS.
Ciertamente el asunto se torna más serio cuando las cabezas de los tres poderes mexicanos dan cabida a dicha discusión; sin embargo en el México actual donde la globalización de la información supera cualquier decisión unilateral, no tomar en cuenta a la población a la hora de decidir puede resultar el peor de los fracasos.
A la par de las discusiones que se han tornado con más frecuencia en los últimos meses, es necesario también que las autoridades en turno desplieguen una verdadera, amplia y profunda campaña de información sobre los pros y los contras de la legalización de esa droga en México.
Los que impulsan el proyecto afirman que con la reforma a favor, se darán grandes pasos en el control y abatimiento del consumo, comercialización y tráfico de esta droga que por su bajo costo, es la preferida de los “soñadores” consuetudinarios, en más del 80 por ciento de los casos documentados en encuestas de uso y consumo de drogas en el país.
Hay incluso legisladores que afirman que al legalizar la mariguana en México, impactará favorablemente en los costos sociales de las políticas de drogas, como subtitularon el foro que recientemente se llevó a cabo.
Para quienes votaron en contra, legalizar la mariguana no abatirá el nivel de consumo actual y menos aún el tráfico que de cada día se registra hacia el vecino país del norte, el que, en agradecimiento, nos llena las calles de crack, cristal y armas de distintos calibres. Para ellos no es pues la mejor salida para prevenir las adicciones.
Los mexicanos en general deben saber qué implica el tema de manera total, en un concepto integral e inteligente que aborde aspectos médicos, psicológicos, sociales, económicos y hasta políticos.
Hay datos duros que también deben de considerarse, como las cifras que soltó en el foro antes citado Catalina Pérez Correa, del Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C. (CIDE), en el sentido de que, actualmente, 18 mil 370 personas están internas en penales mexicanos por delitos contra la salud y que cerca del 35 por ciento de los sentenciados es por posesión simple de drogas, principalmente mariguana.
Los números duros, fríos, indican que la mejor solución a toda la problemática que implica el tema de la drogadicción por marihuana en México, es la más viable, las experiencias en otros países no.
El debate del tema se debe centrar además en las implicaciones que surgirán, como el conocer si México está debidamente equipado, en lo técnico y en lo humano, para ejecutar a plenitud todo el plan de acción que se necesite para el adecuado control y vigilancia del cultivo (producción), comercialización, distribución y consumo de la mariguana. A saber.
Solo se tiene que considerar un pequeño gran detalle; los estados de la República Mexicana reconocidos como mayores productores del enervante, son simple y sencillamente los de mayor violencia e incidencia delictiva, como elegantemente le dicen las autoridades.
