Carlos Olivares Baró

La novela Negocio de chacales (Planeta, 2015), sexta incursión en la literatura del conductor de radio/TV y periodista Julio Patán (Ciudad de México, 1968). El ficticio San Marcos Acuitlapan, escenario donde el reportero Blasco Rojo —en plena declinación de su desempeño— tendrá que desentrañar las complicidades de las autoridades locales con una empresa privada, quienes quieren convertir espacios de una reserva natural en campo de golf.

 

—Abordo cosas muy reales de Mexico: la corrupción de nuestros políticos, exacerbación de las izquierdas locales, las ideas deliberadas sobre las comunidades indígenas, la violencia, la pobreza… Quizás esta novela no es más que mi reacción, desde la literatura, contra ese universo de impudicias, confabulaciones y tramas oscuras que nos rodean”, nos comentó, en entrevista , el autor del exitoso manual Cocteles con historia. Guía definitiva para el borracho ilustrado (2014).

—Recurso de la crónica y de la conjetura desde una conversación con el lector en la voz manifiesta de la primera persona. ¿Por qué el uso de esta retórica discursiva?

—Me pareció la manera más convincente para lograr la atención del lector. Recurro a la voz misma del protagonista, Blasco Rojo: él narra los sigilos que enfrenta, da cuenta de sus frustraciones, confiesa sus dudas, enumera sus limitaciones… En ese sentido, intento estructurar la novela desde la insinuación, desde los terrenos especulativos: nadie mejor que Blasco para detallar las desventuras que lo acosan. Me gusta suponer que el lector entre a un espacio en que el narrador lo invita a un cosmo de posibles hechos, todo fincado en una trama de animosa atmósfera humana. Mis personajes no son héroes triunfadores: están marcados por la duda y buscan, intentan una emancipación. Sí, estoy de acuerdo: hay una glosa muy cercana a la crónica en esta historia, en la que edifico una verdad desde la mentira. Falsedades que tal vez sean veraces o que intentan o reflexionan sobre la posibilidad de las verdades. Me apropio de la tesis de Mario Vargas Llosa.

—¿Guiño a la novela de formación?

—No lo había visto así; pero, tienes razón: digamos que Blasco repasa su vida, quizá demasiado tarde. Es también una indagación sobre la amistad: narra la construcción de una especie de correspondencia de afectos extraña. Argumentaciones que reflexionan sobre la imposibilidad del amor…. Néstor —el otro periodista que acompaña a Blasco en la averiguación— es torpe hasta límites irritantes: sin embargo, el cariño, la simpatía, la devoción, el apego y la fidelidad anulan ese abismo. El narrador refiere cuestiones que discurren contiguas a inquietudes y hechos turbadores.

—¿Dos planos textuales: vida personal de Blasco Rojo y circunstancias presenciales de la pesquisa?

—Así es: Blasco Rojo comparte su vida personal, la relación con su exesposa, gustos culinarios, padre ausente, curiosidades sexuales, su adicción al cigarro… Eso corrobora la concepción de relato de formación que tú percibes. Por otro lado, está la descripción de los hechos centrales en la comunidad indígena: Blasco y Néstor se sumergen en un enigma ascendente y perturbador.

—¿Thriller sobre la decepción y la imposibilidad de las utopías?

—Pretendo sugerirlo, creo que esta fabulación se mueve en la noción sobre el fracaso y los inconvenientes de las utopías. También se muestran las peores manías y vicios del periodismo, tal y como se manifiestan en México. Quise presentar a un reportero que se enfrenta a una manera nueva de hacer periodismo y no entiende.