Manual del político

En esta entrega, retomemos nuevamente los sabios consejos de Azorín en su obra El político, en donde de manera amena y conceptuosa nos define las cualidades que debe poseer un político.

12.- León y zorro. El político ha de ser fuerte y hábil, siguiendo la doctrina de Maquiavelo, quien aconseja que el político debe ser como el león y como el zorro. El león representa la fortaleza: el zorro simboliza astucia; el león es fuerte, grande, magnífico: el zorro es hábil, ligero, discreto.

13.- Tener algún rasgo de entereza. El político debe mantener en su trato una condición de bondad y afabilidad, sin permitir que los demás se tomen familiaridades y confianzas con él. Debe hablar con todos de manera deferente y enterarse con minuciosidad de lo que cada uno pretende. No ser muy afecto de visitar a los grandes señores y, en cambio, con los humildes ser generoso.

14.- Innovador dentro del orden. No quiera el político renovar y revolucionarlo todo. Lograda la posesión del poder, deberá discernir que una cosa son las fantasías de los teorizantes y otra la realidad. El político que quiera hacer algo útil a su país no habrá de desear poner arriba lo que está abajo.

15.- El enigma del honor. El político debe ser un hombre de honor. ¿Es esta cualidad innata del hombre? El honor varía según las latitudes, las regiones del planeta, la cultura e incluso varía también según los tiempos, sobre él ejerce influencia el amor, la soledad, la compañía. El político debe reflexionar sobre ello. Lo que no puede permitirse es el deshonor.

16.- Libros que ha de leer. Que no sean muchas ni muy agobiadoras las lecturas, lea pocos y buenos libros. Un hombre que haya leído muy poco puede ser un espíritu cultísimo; otro que haya pasado la vida sobre los libros puede ser de un trato empalagoso y grosero. El político debe evitar los librotes profusos, presuntuosos o engorrosos. La cantera principal de la cultura debe ser la vida.

17.- La balanza del Yo. El político no debe ser excesivamente modesto; la modestia más daña que favorece. Sí él tiene fuerza y habilidad, no las oculte. Sea sencillo y natural: la modestia va contra la sencillez y la naturalidad. La vanidad es el exceso por lo más; la modestia es el exceso por lo menos. El equilibrio está en el justo medio.

18.- Saber escuchar. Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta más el escuchar con discreción. El político en la conversación debe estar sosiego y escuchar con atención, dejar que sus interlocutores expongan su pensamiento y no hacer con gestos que apresuren o compendien su narración.

19.- Los hombres del mañana. Preocúpese el político de la cultura y la enseñanza: los niños de hoy son los hombres del mañana. El político debe saber que si pretende reconstruir un pueblo, el más hondo y fundamental de sus deberes como hombre es la educación de los niños.

20.- La faz serena. tenga el político mucho cuidado en esto, la faz serena debe cubrir sus dolores íntimos, ocultar sus desfallecimientos, decepciones o amarguras. Ante el público, el político debe mantener un semblante sereno y en la intimidad refrenar su tristeza.

21.- Fomentar los valores nacientes. El político no debe cometer un yerro imperdonable, que consiste en no distinguir a aquéllos que por su ingenio, talento y energía están llamados a encumbrarse. Sepa distinguir el político los valores nacientes, positivos, en el revuelto y confuso fermentar y germinar de las gentes nuevas, que han de brillar en la cosa pública.

22.- Huir de la abstracción. El político escuchará propuesta para hacer en su patria, tal o cual cosa que se hace en un país extraño, deberá reflexionar despacio sobre esto. Todos los países no son iguales, no tienen la misma historia, las mismas tradiciones o condiciones físicas, en fin, no son los mismos sus hombres. Debe por lo mismo obrar con cautela y conocer lo que pasa en los países extranjeros.

23.- Contener su fuerza. Domínese el político. No de toda la medida de sí; resérvese siempre algo; reprímase. Todo hombre tiene un temperamento; en él hay notas de fuerza y notas de flaqueza. Conozca perfectamente su fuerza y sus alcances.

24.- Del discurso y su preparación. La mejor preparación del discurso es conocer bien la materia de que se va a tratar. Estúdiela perfectamente el orador; dele mil vueltas, empápese de ella. En el momento crítico, la misma copia y espontaneidad de las ideas irá formando la ilación. No se preocupe ni atormente con temores y cavilaciones.

25.- Juicios sobre las personas. El político se debe cuidar de formular apresuradamente el juicio que le merece una persona, porque resulta muy difícil y arriesgado de proceder, así se expone a volver en ocasiones sobre sus pasos.