Terrorismo

Félix Fuentes

Con una población cercana a 23 millones, Siria está en guerra civil y en ella han muerto más de 250 mil de sus habitantes. A Europa ya inmigraron alrededor de 325 mil seres angustiados y muchos más anhelan llegar al Viejo Continente y a América.

El éxodo de sirios podría durar años porque el choque interno de esa nación no tiene para cuándo terminar debido a que el Estado Islámico sigue empeñado en erigir como califa único del mundo árabe a su líder Abu Bakr al-Baghdali.

Como Abu Bakr no podrá someter y convertir en un solo califato a países como Arabia Saudita, Túnez, Egipto, Yemen y algunos otros, sus religiosos empedernidos alargarán esa guerra y todos están dispuestos a morir bajo la prédica de Allahu Akbar ó Alá Akbar.

El Estado Islámico idea actos terroristas, como el del 13 de este mes, el viernes negro de París, con saldo de más de 150 muertos y decenas de heridos graves.

Al menos siete sirios hicieron estallar poderosos explosivos adheridos a sus cuerpos, lo cual advierte la disposición de tantos fanáticos a ofrendar sus vidas de manera tan horrenda, convencidos de que cumplen con un mandato divino.

Otros accionaron poderosas armas contra gente inerme, principalmente en la sala de conciertos Bataclán, donde abatieron a más de cien asistentes a un evento musical.

Ese sacrificio humano indica que la guerra civil de Siria no terminará pronto ni tampoco la que ya declaró el presidente de Francia al Estado Islámico.

El mandatario galo ordenó bombardeos, apoyado por aviones de Estados Unidos, a posiciones de los yihadistas y éstos respondieron que cometerán actos terroristas en Washington, lo cual puso en estado de alerta al gobierno de Barack Obama.

A Estados Unidos le pegó en el corazón el terrorismo de esta nueva era el 11 de septiembre de 2001, día en que cuatro aviones con pasajeros fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Es el peor atentado de ese orden contra el género humano. Costó tres mil vidas y del mismo se culpó a la banda de Al Qaeda, la cual no ha sido exterminada.

En otro día 11, pero de marzo de 2004, fueron estallados 10 artefactos en cuatro trenes de España, con saldo de 191 decesos.

Al año siguiente, 7 de julio de 2005, se registraron tres explosiones en el Metro y en un autobús de Londres, habiendo fallecido 56 personas. Los criminales de Nueva York, España y del Reino Unido no han sido detenidos.

Y a la capital idolatrada por el mundo, la Ciudad Lux, que ha deslumbrado al mundo con su historia y su sabiduría le tocó turno por segunda vez. Primero, una banda terrorista asesinó a 11 personas en el interior de una revista de crítica, Charlie Hebdo.

En esta ocasión fueron siete atentados. Los suicidas se inmolaron incluso frente a los comensales de restaurantes parisinos. Es el estilo de horror impuesto por el Estado Islámico.

Los franceses no habían sufrido una desdicha de esa magnitud desde que París fue invadida por las fuerzas nazis de Hitler.

Debido al miedo impuesto, en este fin de año dejará de viajar mucha gente a Europa e incluso a ciudades como Nueva York y Washington. Así será por mucho tiempo, mientras exista el Estado Islámico o surgen otras bandas causantes de terror.

Esta es otra guerra, ya declarada por el presidente François Hollande.