En su visita de seis días a México, el Papa Francisco Primero se reunirá con niños, jóvenes, indígenas, religiosos, y, cumplimiento con su obligación de Jefe de Estado, con autoridades federales, y de los estados y ciudades que abarcará su peregrinación papal.
Además, oficiará misas, enviará mensajes a las familias mexicanas, visitará a infantes enfermos en un hospital, recorrerá parte de las ruinas de Teotihuacán, se internará tras los muros de una cárcel en Ciudad Juárez y saludará a miles, millones, a lo largo de su periplo.
Todo y cualquier cosa menos repetir la hazaña del 24 de septiembre en Estados Unidos, cuando habló ante la máxima tribuna legislativa: el Congreso de los EUA.
En México no quiere repetir hazaña; se niega. El Sumo Pontífice pareciera saberles algo a los legisladores (diputados y senadores), que insisten en que haga uso su máxima tribunal. No quiere. Hasta ahora, el Obispo de Roma ha despreciado –muy amablemente-, las decenas de insistentes invitaciones de los mexicanos.
El argumento que explicó a algunos de sus cercanos es comprensible: dice que si bien hizo lo propio en su visita a los EUA, repetir la hazaña en México sería tanto como ir creando costumbres y luego, el día que no pueda hacerlo, las naciones en cuestión se van a sentir despreciadas.
Para cualquier mexicano consciente de la clase política que tenemos, la negativa de Francisco I a plantarse en el Senado y hablar ante los legisladores, es normal y hasta imperante para evitar vergüenzas.
¿Quién quiere que don Panchito se entere de cómo la Carmelita Salinas se queda dormida a media sesión, o que la Laura Esquivel alcanza a tejer una chambrita entre voto y voto?
Sí algo está evidenciando el Vaticano con esta visita, al menos en el anteproyecto que ya circula y que será confirmado el 12 de diciembre, cuando Francisco I encabece la misa en honor a la Virgen María desde la Basílica de San Pedro, es que en la logística el Estado Mexicano participará desde afuerita en cuestiones como seguridad y en los protocolos obligados del estado mexicano. Nada más.
La Nunciatura, en Michoacán por ejemplo, está dejando fuera de la organización a las autoridades estatales y municipales (de Morelia). Serán los hombres de negocios quienes respaldarán la visita, la van a financiar (aunque todo el trabajo será voluntario), y la van a coordinar a pie juntillas.
En todos los recorridos y actividades anunciados por el cardenal Alberto Suárez Inda, por ejemplo, la presencia de gobierno fue confirmada al mínimo, sólo en aquellos casos donde su presencia como jefe de Estado así lo ameritaba: en su encuentro, el primero de todos, con el gobernador y otras autoridades, ahí nomás.
