Permanente intercambio de favores
Alfredo Ríos Camarena
El intercambio de concesiones y favores entre quienes han establecido la partidocracia como el eje del sistema político, es decir, los principales partidos PRI, PAN y PRD con sus aliados menores, firmantes del Pacto por México y beneficiarios de este permanente quid pro quo, han distorsionado la ideología y la doctrina de los partidos, convirtiendo el escenario político en una arena de favoritismos y negociaciones en lo oscurito.
Agregado a estas perversas relaciones está la presencia influyente del denominado círculo rojo, motivado por distintos intereses que lo integran, es decir, la comentocracia que dicta cátedra desde la cima de su frivolidad, vanidad y, a veces, ignorancia.
Estos elementos han convertido el país en un mercado donde las cuotas y los cuates obtienen y ganan favores y dinero.
El ejemplo más claro de este tema está en el denominado premio Belisario Domínguez, que fue un prestigioso reconocimiento de la republica, a través del Senado, en conmemoración al senador Domínguez, que fue ejemplo de valor civil y de respeto a la democracia, quien enfrentó al usurpador Victoriano Huerta, y más tarde fue asesinado por un discurso que escribió y que no tuvo tiempo de pronunciar, pero que quedó marcado como un símbolo de la libertad y de la lucha contra la dictadura.
Cuando en el Senado se decidió que le tocaba a cada una de las fracciones parlamentarias más importantes definir ese premio, perdió totalmente su sentido libertario y se convirtió en una mercancía barata de los intereses partidarios.
¿Qué premia el Senado cuando otorga al distinguido empresario Alberto Baillères González esta distinción? Si se trata de darle esta presea a la riqueza insultante, es una buena decisión, especialmente cuando en nuestro país la pobreza avanza de manera exponencial y las brechas de la desigualdad se vuelven insalvables; sí esta presea se otorga por la riqueza, tal vez hubiese sido mejor entregársela al señor Carlos Slim, hombre de los más poderosos y ricos del mundo.
Si lo que se premia es la acción cultural y educativa que desempeñó Alberto Baillères habrá que recordar cuál fue el papel ideológico de este señor y de su familia; para ello, basta citar a la investigadora María Eugenia Romero Sotelo, quien —en un lúcido ensayo— describe con claridad la presencia y origen del neoliberalismo en México, y relata cómo en los años cuarenta los distinguidos profesores Von Mises y Frederick Von Hayek fueron invitados a nuestro país, varias veces, por Luis Montes de Oca y patrocinados financieramente por Raúl Baillères: ¡ahí nació la oposición al pensamiento cardenista!, y de ahí surgió, más tarde, el Instituto Tecnológico Autónomo de México, institución educativa de alta calidad, pero con una clara definición ideológica, opuesta a la esencia fundamental y paradigmática de la Constitución mexicana.
No se trata de demeritar al señor Baillères, ni sus actividades empresariales en la industria minera y comercial, sino de señalar cómo se han deteriorado —por este intercambio partidario— instituciones de la república, como fue, hace ya mucho tiempo, el premio Belisario Domínguez.
Los cuates y las cuotas están afectando las decisiones de la república, de tal suerte que se derrumban candidaturas importantes para la Corte, o para la rectoría de la UNAM, en aras de ese intercambio, y por la intervención de ese círculo rojo, que desorienta y desinforma a la población, haciéndonos creer que vivimos en una democracia liberal, y olvidando que nuestro sistema se origina en un Estado social de derecho, donde la ley debe ser parcial a favor de los pobres, los desprotegidos y los desvalidos, porque así lo ordenan los paradigmas de la Constitución originados por el gran movimiento revolucionario del siglo pasado.
