Juan Antonio Rosado

En 1915 murió de tifoidea un poeta mexicano aún poco conocido, aunque haya gozado de gran prestigio entre varios miembros del célebre Ateneo de la Juventud, y aunque lo hayan celebrado poetas como José Juan Tablada. Influido por el parnasianismo francés, las literaturas de los Siglos de Oro y la experimentación vanguardista, Argüelles fue un innovador que se desenvolvió con agilidad en uno de los géneros más difíciles de la poesía: el bisoneto, es decir, un soneto tradicional, pero no sólo con las rimas externas de que consta habitualmente, sino con rimas internas (al final del primer hemistiquio de cada verso), con la misma estructura de las rimas externas, aunque sean otras rimas. El resultado es un complejo espejo formal del que sólo un gusto refinado puede percatarse (y valorar).

Recuerdo ahora tres de estos bisonetos: “Nocturno”, “Soñé un verso…” y el titulado “Bisoneto”, que para mí constituye, por lo menos en parte, la poética de este autor. Los versos, sobrios caballeros “De antiguos tiempos mejores”, son personifcados. En este poema, compuesto, a diferencia de los otros, por dos cuartetos y tres dísticos, se resalta con letra mayúscula el inicio de los segundos hemistiquios de cada verso. ¿El tema? La poesía misma, que en su caso está hecha de fuerza y dolor. En “Nocturno”, de tema romántico, se personifican algunos elementos de la naturaleza desde la impersonalidad la visión externa, aunque al final, sorpresivamente, aparece el yo poético. En este bisoneto, las rimas de los primeros hemistiquios de las dos primeras estrofas se corresponden con las de los segundos de los últimos dos tercetos; las de los segundos hemistiquios de las primeras dos estrofas se corresponden con las de los primeros hemistiquios de los dos tercetos. Digamos que las rimas tienen forma de cruz. Como homenaje a Argüelles, transcribo el “Nocturno” y coloco las rimas en letras cursivas:

La noche es la inviolada vestal de negros ojos

que los misterios vela. Los astros son las gotas

del lloro con que anhela regar flores ignotas

en su alma enamorada de un mito hecho de antojos.

La fuente es carcajada. Las nubes son despojos.

Y la vivaz estela de fuego que remotas

regiones cruza y riela, fuga es de dichas rotas.

La luna es una hada. Las nieblas son enojos.

Los céfiros son notas. La sombra es una amada

que otorga sin sonrojos caricia que consuela.

Los ruidos son derrotas. Bandera tremolada

la paz es… ¡Yo, de hinojos en fango que me hiela,

soy roca sin gaviotas por olas azotada…!

¡Y mi alma, en mis abrojos, es águila que vuela!

Argüelles murió sin dejar libros, pero sí muchas colaboraciones en periódicos y revistas. Setenta años después de su deceso, el investigador y crítico serge I. Zaïtzeff publicó una antología de Roberto Argüelles Bringas, titulada Fuerza y dolor (1975).