Es el primo hermano del dengue, entonces, también de la Chikungunya. Las alertas sanitarias se han activado en México y en prácticamente todos los países de América, sobre todo en aquellos donde el mosco Aedes Aegypti es cliente consuetudinario. La amenaza se extiende a cualquier país del orbe porque el “dandy” ya no es exclusivo de zonas tropicales o climas húmedo-calurosos, aprendió a sobrevivir y se adaptó, hay quienes dicen que ha ido mutando a lo largo del tiempo, y así lo parece.

Tras varios meses de rumores -como siempre ocurre-, autoridades sanitarias en México aceptaron que el virus ya anda paseándose por algunos países pegaditos al nuestro, Colombia y Brasil ya confirmaron que el vector está presente en sus pueblos, así lo confirman las muestras analizadas.

El Zika (Zikav o Zikv), como sus primas hermanas, provoca una enfermedad febril, recurrente, pero a diferencia del Chikungunya, no suele ser tan alta. Es un padecimiento muy similar al dengue, la Chikungunya, la fiebre amarilla, el virus del Nilo Occidental y la encefalitis japonesa.

La Organización Mundial de la Salud ha pretendido un control de daños luego de que el padecimiento y su vector de contagio comenzaran a salirse de control haciendo acto de presencia, fugaz, en distintos países.

El glamoroso nombre que presume el Zika se genera porque la primera vez que se aisló, fue 1947, precisamente en los bosques de Zika, Uganda, en un grupo de monos Rhesus, aunque sus “linajes”, como dicen los especialistas proceden de África y Asia. Se siguió a Uganda y Tanzania, y se durmió.

La amenaza se asentó como tal cuando en el 2007 se detectaron los primeros casos en Oceanía y desde ahí, pian pianito pero imparable.

Brasil se asustó con brotes aislados en lugareños del norte del país. Seis estados con presencia del bicho. Era febrero del 2015, y cuando parece que el tema murió, resurgen los cuadros virales en otros puntos del orbe en lo que fue el primer brote documentado en las américas.

La movilidad humana ha permitido que el virus viaje, porque además, en algunos casos, llega a ser asintomático, pero el riesgo sigue, porque de ahí se brincó a la Polinesia Francesa a finales de octubre del 2013, afectando a más de 10 mil personas, algunas con efectos y daños colaterales muy importantes.

En el 2014 llegó a Chile, luego regresó al Océano Pacífico, a Nueva Caledonia y las Islas Cook.

La preocupación en nuestros pueblos mexicanos donde el dengue anda causando destrozos debiera ser mayor, sobre todo porque, invariablemente, siempre que se trata de temas de salud pública, la Secretaría de Salud, necia, pretende primero minimizar el daño y ya luego, comenzar a soltar a cuentagotas los panoramas epidemiológicos que prevalecen.

El Zika pareciera más noble pero no deja ser primo del dengue y la Chikungunya, causa fiebre, lesiones en la dermis y otros síntomas preocupantes, que deben de ser tomados en cuenta por la población en general.

México no está listo aún para enfrentar de manera eficiente este tipo de padecimientos transmitidos por vector y zoonosis, no es nuevo, tampoco una exageración. Toca entonces a las familias mexicanas incorporar cambios radicales en su estilo de vida, sobre todo en aquellas que habitan en condiciones de vulnerabilidad epidemiológica.

Hay protocolos sanitarios muy claros que, en últimas fechas gracias a la Chikungunya, son leídos cual rezos católicos: la limpieza de cacharros, de agua acumulado en espacios al aire libre y otros. Cerrarle la puerta al padecimiento se antoja tarea fácil, sólo basta que no nos gane la flojera.