Mundo árido y desierto
René Anaya
Marte, un planeta cubierto de agua y probablemente rebosante de vida hace cuatro mil millones de años, tiempo después se convirtió en un mundo árido, desierto y con una ligera atmósfera, según informó la Agencia Estadounidense de la Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés).
En una conferencia de prensa anunciada varios días antes, que provocó grandes expectativas porque algunos supusieron se informaría que ─al fin─ se había encontrado vida en Marte, la NASA anunció que había logrado identificar un proceso que probablemente desempeñó un papel importante en la transformación de la atmósfera marciana.
Un mundo sin atmósfera
La sonda espacial MAVEN, cuyas siglas significan Evolución Atmosférica y Volátil de Marte, fue lanzada al espacio el 18 de noviembre de 2013, con el objetivo de determinar cómo ese planeta perdió sus gases atmosféricos y cómo evolucionó su clima.
Las imágenes de Marte, captadas en años recientes por diversas sondas espaciales, permiten apreciar surcos que semejan lechos de ríos secos; asimismo, la detección de minerales que se forman en presencia de agua, llevaron a los expertos a plantear que hace millones de años el planeta tuvo agua líquida corriendo por su superficie, gracias a que también contaba con una atmósfera parecida a la terrestre, pero que la perdió.
Los investigadores de la NASA, dirigidos por Bruce Jakosky, de la Universidad de Colorado, analizaron los datos registrados por MAVEN el 8 de marzo, cuando Marte fue bombardeado por una poderosa tormenta solar. Se encontró que iones de oxígeno y dióxido de carbono (partículas cargadas eléctricamente) escapaban de la atmósfera marciana y generaban una especie de penachos y “tallos de fuego”, semejantes a las enredaderas de plantas como el jazmín o los frijoles.
La sonda detectó que el campo magnético marciano producía rotaciones magnéticas fuertes que arrojaban los tallos de fuego hasta cinco mil kilómetros fuera del planeta. Simultáneamente, se observó que los iones viajaban a una velocidad diez veces mayor que la habitual.
Por esta razón, Jakosky y colaboradores concluyeron que “los modelos muestran un aumento en la tasa de escape de iones al espacio durante eventos como este, así que la perdida de iones asociada a las eyecciones solares durante los comienzos de la historia del planeta pudo ser un factor importante en la evolución de su atmósfera”.
Se sabe que actualmente la atmósfera de Marte es delgada y seca (99 por ciento menos densa que la terrestre) y continuará disminuyendo, pues se estima que cada segundo el viento solar lanza cien gramos de gas atmosférico al espacio. Aun así, se conservan esperanzas de encontrar ciertas formas de vida marciana.
Una salada vida marciana
La detección de salmuera (agua con gran concentración de sal) en Marte, informada por la NASA en septiembre pasado, refuerza la idea de que podría haber vida semejante a la de algunos microorganismos terrestres que se conocen como halófilos (amantes de la sal). Incluso se supone que esos seres microscópicos podrían ser los mismos en Marte y en la Tierra, pues el intercambio de meteoritos entre ambos planetas podría haber trasladado la vida de uno a otro cuerpo. Claro, siempre que la vida marciana tuviese la misma estructura bioquímica que la terrestre.
Los microorganismos halófilos de nuestro planeta se encuentran en tres grupos o dominios: Arquea (los primeros organismos que aparecieron en la Tierra), Bacteria y Eucaria, aunque también se han descubierto halovirus. Los microorganismos halófilos pueden vivir en ese ambiente porque tienen dos tipos de mecanismos de adaptación, uno llamado sal-interior y otro conocido como sal-exterior.
El primero consiste en liberar cationes de sodio (iones con carga positiva) al exterior e incorporar cationes de potasio. Así, las cargas positivas compensan las negativas de los aniones (iones con carga negativa) del cloruro y el fosfato, lo cual propicia que las estructuras celulares se adapten a las altas concentraciones de sal de potasio (cloruro de potasio). El segundo mecanismo, de sal-exterior, consiste en sintetizar o acumular solutos compatibles, como azúcar, alcohol y aminoácidos (moléculas que forman parte de proteínas) para que la sal se mantenga fuera de la célula.
Estas formas de adaptación, además de ayudarles a sobrevivir, les permite permanecer largo tiempo en fase de latencia. Se han encontrado haloarqueas dentro de halitas (rocas de sal) con una edad de hasta 250 millones de años, las cuales crecen si se colocan en un medio nutritivo.
Por estas características, los microorganismos halófilos podrían ser los marcianos que tanto tiempo hemos imaginado, pero siempre y cuando el origen de la vida en Marte tenga el mismo principio bioquímico.
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f/René Anaya Periodista Científico
