Elecciones en Argentina
El resultado de los comicios en Argentina, además de su validez intrínseca como respeto a la voluntad de los electores en un genuino proceso electoral democrático, contiene varias interrogantes, lecturas y lecciones, no sólo para esa nación hermana u otros países de la región; en realidad lo son para toda America Latina y será muy seguramente materia de estudio y análisis de académicos y políticos.
El neopopulismo, o quizá más acertadamente la gradación de izquierdas que han llegado al poder en algunos países del cono sur, fue visto como una nueva ruta o una alternativa al modelo neoliberal. El populismo se arroga la representación del pueblo, bajo el liderazgo indiscutido de un caudillo para construir su poder, entendiendo al pueblo como las clases sociales con menores ingresos, o pobres para decirlo en términos claros, privilegia la denuncia estridente de la maldad de las clases privilegiadas y utiliza los recursos del Estado vía gasto público para atender las necesidades sociales a base de subsidios, buscando con ello los líderes populistas convertirse en redentores de los humildes.
En el pasado reciente, esto es, en el siglo XX, nuestros países lo vivieron y los ejemplos más característicos son el de Juan Domingo Perón, en la propia argentina, Getulio Vargas en Brasil, Velasco en Perú o Arbenz en Guatemala, además de un largo etcétera. Y mucho más cercano en el tiempo, Chávez-Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Lula en Brasil o Correa en Ecuador, aunque cada caso tiene sus propias características y alguien diría que varios de estos regímenes eran gobiernos ”izquierdistas” con políticas neoliberales. Al respecto cabe sintetizar que el populismo histórico latinoamericano respondió a las transformaciones de los Estados capitalistas dependientes después de la posguerra, y se sustentó en una economía agroexportadora y como producto de la emergencia de una nueva burguesía industrial, el fortalecimiento de las clases medias, y los mejores ingresos del proletariado que realizó la industrialización subordinada en nuestras naciones.
A la industrialización que, por ejemplo, en México se fincó en el modelo de sustitución de importaciones y conocemos como desarrollo estabilizador se le consideraba como un desarrollo económico que produjo bienestar social y nos permitió una etapa larga de crecimiento económico sostenido, con un sector primario fuerte. Por ello, para algunos el cardenismo fue una especie de populismo a la mexicana o una gradación de esas “izquierdas” que reivindican un nacionalismo económico estatista, con un Estado fuerte.
El caso es que el neopopulismo peronista en Argentina terminó vapuleado y el apoyo popular al kirchnerismo fue incapaz de transformarse en votos para retener el poder, y ahora viene lo importante. El ganador Mauricio Macri ha anunciado un regreso a las políticas neoliberales, y dará marcha atrás a una serie de medidas como: retornarle la autonomía al banco central, regresar el control de los fondos de pensiones y una paridad cambiaria única. La percepción es que requerirá diseñar un plan de choque para ajustar el modelo económico. La perspectiva es incierta y complicada.
