Cuando conocí a Alberto Híjar, ya era famoso. En 1959, el rector Nabor Carrillo y Jaime García Terrés, director de Difusión Cultural de la UNAM, proponen un edificio extramuros, es decir fuera de la Ciudad Universitaria, para lo que en esos años se llamaba extensión universitaria, vale decir llevar la universidad a los no universitarios. Se conservó el nombre del recinto, la Casa del Lago. El 15 de septiembre se inaugura con un ballet folklórico y un mariachi que actuaban sobre una tarima flotante sobre el Lago de Chapultepec. Después, leen poesía en voz alta Juan José Gurrola y el recién nombrado director de la Casa del Lago, Juan José Arreola, los dos sobre una embarcación que se precisa es una panga. Una exposición de lujo reúne obras de Durero, el Greco, Pisanello y José de Ribera, El Españoleto. Los fines de semana se juega ajedrez, se lee al aire libre y se prestan libros a domicilio. Se forma un grupo de poesía coral y se hace teatro con un elenco de primerísima Pilar Pellicer, Elda Peralta, Enrique Lizalde, María Teresa Rivas, Raúl Dantés, Luis Antonio Camargo, Gastón Melo y Carlos Payán. El subdirector es Miguel González Avelar, quien edita el boletín semanal. Se crea un espacio, El Nahual, para teatro de títeres que dirige Roberto Lago. Nuestro homenajeado Alberto Híjar es responsable de visitas guiadas a exposiciones. Ignoro si eso es lo que en su currículum aparece como Curso vivo de arte, pero creo que no. Lo que sí puedo atestiguar es que esas visitas lo hicieron famoso y cuando lo vislumbraba en los pasillos de nuestra Facultad, que se apodaba de Cafetería y Letras, los alumnos comentaban “es Alberto Híjar”.
Luego se hizo más famoso, él es el profesor de Filosofía que junto con tres economistas, que no se mencionan sus nombres, impulsaron el llamado Autogobierno en la Facultad de Arquitectura. Yo siempre decía y escribía, “Alberto Híjar estudió, primero Arquitectura, por eso se dedica a la Estética”. Error. Apenas la semana pasada me enteré que antes de decidirse por la Filosofía estudiaba ¡Química! El Autogobierno, que surge de una asamblea plenaria el 11 de abril de 1972, se proponía cinco objetivos que enumero: 1) Totalización de conocimientos, 2) Diálogo crítico, 3) Conocimiento de la realidad nacional, 4) Vinculación al pueblo, 5) Praxis y, por supuesto, 6) Autogestión. Copio ahora de internet: ”De acuerdo con la visión política y la postura académica del Mtro. Alberto Híjar Serrano, la definición del Autogobierno, propiamente como tal, la dio la línea anarquista del joven profesor Germinal Pérez Plaja, cuando advirtió la insuficiencia de “tomar” la dirección de la escuela, porque de lo que se trataba era de tomar el poder. Revueltas, por su parte, llamaba a no confundir esto con el Autogobierno, pero en la práctica … la línea principal de reivindicar la praxis como adopción de problemas reales para su solución urbana y arquitectónica, significa una educación como la soñada por Revueltas que exigió un especie de confederación colegiada de talleres a la manera de cómo serían los poderes de un gobierno anarquista”. Se trataba, pues, de una expropiación de las técnicas para las necesidades populares, de validar, como hace el marxismo, la teoría en la realidad, como lo hicieron en la colonia Héroes de Padierna o en San Cristóbal las Casas. Surgieron generaciones de arquitectos comprometidos con su realidad social y el Autogobierno arquitectura tuvo reconocimientos y repercusiones internacionales, principalmente en Cuba.
Quisiera, por la llamada actual reforma educativa, recuperar unas líneas de las tesis del autogobierno arquitectura: “el estudiante debe comprender las repercusiones sociales, económicas y políticas durante la adquisición de sus conocimientos y dentro de su práctica que desarrollen en la sociedad por transformarla”. Y las recupero, porque eso precisamente es lo que trata de evitar la actual reforma educativa.
Y sigo en desorden más bien a flashazos de la memoria. En el Taller de Arte e ideología, aunque no participé regularmente, algunas veces formé parte en mesas redondas en que se expresaban los que sí estaban al pie del cañón en el Taller de Arte e ideología. Podría mencionar uno que otro nombre, pero prefiero sintetizar que la nota dominante en ese colectivo era la constancia y el objetivo de profundizar, por ejemplo, en el pensamiento de Lukács. Participé en un congreso del Frente Mexicano de Trabajadores de la Cultura, en donde salí casi de pleito con Gonzalo Martré (con quien hice las paces luego) porque sostenía que Carlos Fuentes era reprobable por usar loción francesa y yo le alegaba que eso no tenía nada que ver. Sin embargo, fue muy interesante y ahí estaba César Espinosa, quien yo siempre pensé que encabezaba el proyecto. La artista Rini Templeton participó en éste y otros proyectos de Alberto y trabajó formando e ilustrando magníficamente la revista Punto Crítico, cuando mi hermana la dirigía, Carlos Guevara Meza ha sido discípulo y aliado de Híjar y a mí me apoyó cuando iniciamos el Seminario de Historia de la Cultura en México y también colaboró conmigo en el periódico El Día. En lo que no participé, pero sí supe de su existencia, fue el Museo Lucio Cabañas, creo que en Atoyac de Álvarez y que Alberto promovió.
En una conferencia que fuimos a dar en Toluca, el hoy homenajeado y yo, se lanzó contra el ejército creo que hasta con nombres y apellidos. Después de su encendida arenga, yo, muy precavida, me deslindé y él tuvo la cortesía de no molestarse. Otra vez, nos invitó a mi hermana y a mí a una conferencia, esta vez en la escuela Mártires del 68 con el tema de “El pliego petitorio del movimiento estudiantil del 68” y, comprometidas a hacer ese análisis, creo que comprendimos y profundizamos en lo que es y fue ese movimiento para nosotros y para el país.
Una vez fue a una embajada y reconoció en el agregado militar de Bolivia al asesino del Che. En un gesto que muchos aplaudimos le arrojó en la cara la copa de vino. (Paréntesis filológico: Copa de vino o vaso de agua son medidas, por lo tanto tomar un vaso de agua es la cantidad de agua que cabe en un vaso). Alberto me ha pedido que no cuente esa anécdota, porque cuando se muera van a decir: Alberto Híjar, ah ya sé ese que le arrojó la copa de vino al asesino del Che.
En otro momento, me invitó al examen profesional de Lucía Morett, perseguida por la Interpol. Eso me permitió conocer a Lucía, a Sonia, a Alberto y los padres de ellas. Todos personas muy queridas. Luego hasta dimos una conferencia de prensa con Manuel González Casanova en un intento por demostrar que Lucía sí estaba investigando para su tesis sobre el teatro colombiano y no formaba parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Lo que mejor nos funcionó a Alberto y a mí fue un grupito que formó Alberto y se llamaba algo así como frente antiimperialista, no ese muy importante que formó, sino uno modesto. Nos pronunciábamos contra las atrocidades de los gringos en el mundo y redactábamos, al instante, un comunicado, que un grupo de entusiastas jóvenes repartían en cada uno de los periódicos de México.
Cuento una penúltima anécdota (o fechoría) y con eso termino. En un tiempo escribía crítica de arte para el periódico El Día y coincidió que, para mi sorpresa, nombraron a René Avilés Fabila, director de Difusión Cultural de la UNAM y a Alberto, subdirector. Al poco tiempo, recibo una nota en la que Alberto se lanza contra Difusión Cultural, porque una galería de la propia UNAM, con las paredes acondicionadas para la exhibición de la pintura, con la iluminación eléctrica y natural apropiada, se convirtió de la noche a la mañana en oficina con archivos y escritorios, con el argumento contundente, pero finalmente trivial, de que “es que ya no cabíamos”. La protesta estaba muy bien, pero no dejó de sorprenderme que estuviera firmada por el subdirector de Difusión. Le dije a mi hermana, yo creo que lo van a despedir, pero Alberto es lo suficientemente inteligente para saber el riesgo, seguro está de acuerdo con René y quieren presionar a las autoridades. Pues no estaba de acuerdo y como dicen al día siguiente Alberto se convirtió en noticia, porque lo despidieron.
Una mañana fuimos a desayunar a la Tasca Manolo y comenzamos a platicar sobre los neozapatistas que surgieron en esos días, ya mi hermana los había defendido en su nota de esa semana y Alberto dijo que el subcomandante Marcos le parecía muy althusseriano. Unos días más tarde, confundiéndolo con un guerrillero que era conocido como “el Profe” acusaron a Alberto. Total ya luego se supo que Alberto y Cesareo Morales, ambos altusserianos, aunque no eran el “profe”, habían sido profes del sub.
He conocido a muchos revolucionarios, en unos he visto su determinación de llegar hasta las últimas consecuencias, en otros su fe en la victoria final, pero en Alberto Híjar, además de estos rasgos, siempre me ha parecido que lo singulariza su proclividad al riesgo, su atrevimiento o mejor dicho su temeridad, así que cuando me enteré que en un tiempo, como lo vimos en las fotos en una sesión pasada de este homenaje, quiso ser torero, lo comprendí todo. Son seres que viven así, en peligro.
El libro que comenta mi hermana Magdalena Frentes, coalicione y talleres: Grupos visuales en México en el siglo XX es lo más interesante que se ha escrito sobre la historia del arte en México, es una especie de otra historia del arte y, sin duda, a todo el mundo nos va a servir. Me explico, Erich Fromm decía que él era un enano, pero que sobre los hombros de Freud veía más lejos. Este libro es eso, un texto para que todos nos trepemos en él y vislumbremos más lejos y con suerte hasta el porvenir.
