Un viejo conocido, los péptidos opioides

 

René Anaya

Las personas que sufren los dolores físicos crónicos, quienes han estado cerca de amigos y familiares que los padecen y los algólogos (médicos especializados en el estudio del dolor y su tratamiento), saben del infierno desgarrador que se vive, por lo que cualquier avance en este campo es esperanzador.

Desde el descubrimiento de los opioides endógenos (producidos por el propio organismo), como las encefalinas y las endorfinas, en la década de 1970, se han realizado investigaciones orientadas a encontrar sustancias que mitiguen el dolor de los pacientes sin que produzcan reacciones secundarias indeseables, pero los resultados no han sido del todo satisfactorios.

Los canales del dolor

Los opioides como la morfina logran disminuir el dolor, pero a largo plazo se presenta dependencia y tolerancia a esas sustancias, por lo que no es recomendable administrarlas a pacientes que no están en fase terminal; además de esos medicamentos, se han ensayado otros recursos como la acupuntura, la relajación y meditación y otras técnicas orientadas a modificar la conducta de las personas dolientes, que llegan a reducir la molestia pero no la eliminan.

Se sabe que las neuronas de los sistemas nerviosos periférico y simpático liberan señales electroquímicas cuando se sufre una agresión. Esas señales viajan a través de nueve tipos de proteínas llamadas canales de sodio, que van del Nav 1.1 al Nav 1.9, los cuales atraviesan la membrana de las neuronas. Esos canales son los responsables de llevar los mensajes dolorosos al cerebro y médula espinal, que se encargan de modular la sensación de dolor, principalmente el canal Nav 1.7.

Pero no sucede así en todas las personas, hay quienes no envían esos mensajes al cerebro y a la médula espinal, se trata de quienes sufren una rara insensibilidad congénita al dolor. Los niños pequeños pueden tener lesiones en la boca o en los dedos por mordidas repetidas o sufrir quemaduras; ya más grandes presentan colecciones de heridas, moretones, fracturas o incluso infecciones que se agravan porque el principal síntoma inicial de la enfermedad es el dolor, como la apendicitis. Además, sufren anosmia o pérdida del olfato.

Ahora se conoce que este padecimiento es causado por mutaciones en el gene SCN9A, que desactiva el canal Nav 1.7. En esas condiciones, se pensó que bloqueando ese canal se podría eliminar el dolor crónico, pero ninguno de los bloqueadores probados tenía un poder analgésico efectivo, hasta que investigadores del University College de Londres encontraron, al parecer, la solución.

Hacia una vida sin dolor

“El ingrediente secreto es un viejo conocido, los péptidos opioides”, ha señalado el neurobiólogo John Wood, autor principal del trabajo Los opioides endógenos contribuyen a la insensibilidad al dolor en humanos y en ratones carentes del canal de sodio Nav 1.7, publicado el 4 de diciembre pasado en la revista Nature Communications.

Los investigadores encontraron en ratones con el gene mutante SCN9A, que desactiva el canal Nav 1.7, una mayor producción de encefalinas, las cuales son analgésicos naturales. A esos ratones se les administró naloxona, la cual neutraliza los efectos de la morfina, y se encontró que recuperaron la sensibilidad al dolor. Posteriormente comprobaron con una mujer de 39 años con insensibilidad congénita al dolor, que la administración de naloxona permite tener la sensación de quemadura ante un objeto muy caliente.

Wood y colaboradores continuarán sus investigaciones para encontrar un medicamento contra el dolor crónico: “hemos solicitado una patente para combinar opioides en bajas dosis con bloqueadores de Nav 1.7. Esto debería replicar la experiencia de no sentir dolor de la personas con esta rara mutación, algo que hemos comprobado en ratones no modificados”, consideró el neurobiólogo.

El camino todavía es largo, porque en 2013 se descubrió que una niña, también insensible al dolor, tenía alterado el gene SCN11A, el cual codifica el canal Nav 1.9, (tiene información para producir esa proteína). En este caso no se inactiva el canal, al contrario se hiperactiva hasta que pierde la capacidad de enviar mensajes, lo que produce la insensibilidad al dolor.

Por lo tanto, “el desafío más importante es que los fármacos contra Nav 1.7 tendrían que ser específicos para su subtipo. Eso significa que sólo deberían inhibir este canal pero no los otros canales de sodio similares, ya que tendrían serios efectos colaterales”, ha advertido Ingo Kurth, experto en genética funcional de la Clínica Universitaria de Jena, Alemania, quien no participó en el trabajo.

Por lo pronto, se ha dado un paso más en la comprensión de las vías del dolor, que en el futuro podrían servir para tener analgésicos potentes sin efectos secundarios.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico