En una bola de burocracia con efecto invertido que seguirá su curso al punto de desaparecer de la faz de la tierra y de la mente del grueso de la población, hasta quedar en la historia en un mítico “2 de Octubre”, pareciera que en eso se convertirá el triste episodio de la desaparición de los 43 normalistas de la escuela rural de Ayotzinapa, del estado de Guerrero, sin remedio y sin consuelo.
Casi quince meses han transcurrido desde la violenta desaparición forzada de los 43 jóvenes ocurrida en Iguala, ocurrida durante la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, a manos, presuntamente, de elementos policiacos “gobernados” por el hampa.
Miles de textos se han escrito desde entonces no sólo en México. La noticia, por trágica e inhumana, consternó al mundo entero que expresó de muy diversas formas, su apoyo a las familias y compañeros de los 43.
A quince meses de ocurridos esos hechos que mancharon a México, las cosas siguen igual y el proceso se ha convertido en una serie de reuniones entre los representantes y padres de los jóvenes y las autoridades mexicanas a través de Segob o de la Procuraduría General de la República, como fue la más reciente.
Y esas reuniones no varían: Las autoridades les dicen a los familiares que siguen buscando, que siguen las líneas de investigación y que van a implementar nuevas búsquedas, que continuarán exhaustivamente con la indagatoria. Y las familias se mantienen en su exigencia de que los busquen hasta que los encuentren. Como sea y donde sea, hasta esclarecer los hechos.
Los encuentros son atestiguados por representantes de Derechos Humanos, que han dado seguimiento al caso de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”.
Y pasa el tiempo y nada pasa. En cada reunión se describen las líneas de investigación que se ejecutan para dar con el paradero de los jóvenes. Se habla de resultados de las diligencias y el trabajo de campo; de estudios científicos aplicados.
En éste último encuentro los papás de los normalistas pidieron que las cosas se hicieran más rápido, externaron su desconfianza por algunas actividades que llevan a cabo los investigadores y las autoridades los escuchan, les explican y ponen una nueva fecha para una siguiente reunión.
El siguiente encuentro será en el mes de enero. Las autoridades volverán a contarles a los padres de los 43 de Ayotzinapa lo que están haciendo, cómo están investigando y qué líneas de investigación siguen; si hay nuevas o no. Les hablarán de pesquisas científicas, de avances y de la información “sustancial” del proceso, en un cartucho rebobinado tantas veces que ya comienza a ser parte de la cotidianeidad, esa que pasa inadvertida, que se queda clavada en la historia como un doloroso episodio más de esos que nunca tienen respuestas ni final.
