Invisible, esa zona donde germina el aliento, donde la palabra cobra presencia, sitio de abundante poesía al descubierto; deshebrar las horas, los silencios, la visión y la poesía que anida en los autores que se atiende en el volumen que hoy nos ocupa.
Cazadores de invisible (Fondo Editorial Estado de México, Colección Letras/ Summa de días, México) atiende con la fuerza de llegar al fondo, autores que le atrapan principalmente por un aspecto: la poesía.
Felipez Vázquez ha sido galardonado por su labor poética y ensayística. Algunos de sus libros son Signo a-signo (poesía), Archipiélago de signos. Ensayos de literatura mexicana (ensayo) y Vitrina del anticuario (varia invención), entre otros volúmenes. Con su Cazadores de invisible entramos a una porción de la obra de Juan José Arreola pero lo hacemos no sólo con el respaldo completísimo que Felipe Vázquez muestra ampliamente con toda su investigación, sino con una mirada nueva, la que existe en su habilidad de escritor, la que valoramos conforme avanzamos en las páginas que dedica al autor de Zapotlán, el Grande, y para muestra esta postura interrogante: “Qué puertas abrió Arreola sin saber que daba entrada a potencias que lo abismarían? Si hacemos un seguimiento de sus confesiones, desde que era un joven de 23 años hasta 1998, veremos que su vida obedece a una suerte de viaje iniciático, concebido desde la tradición órfica, cuya dialéctica podría partir de la conciencia de sentirse un extraño dentro de sí mismo y continuar con el sentimiento del exilio metafísico, el descenso a los infiernos interiores, la purificación por medio del dolor, acceder al conocimiento por las vías de la pérdida y del sufrimiento, presenciar y expiar la belleza de lo terrible, y atisbar una secreta aunque fugaz armonía en el universo”. En otras secciones, Vázquez en sus “Atisbos” atiende nuevas perspectivas sobre Salamandra, de Octavio Paz, igualmente refiere su atención a Eduardo Milán, Fabio Morábito, la poesía visual en México, José Revueltas y, para cerrar su volumen, dos secciones, una, sobre El mito del poeta adánico, caínico y sobre Leonora Carrington y, la última, sus “Conjeturas”, en las que palabra, espíritu, poesía… son destino e identidad.
Cazadores de invisible es el lugar donde la poesía describe (y se descubre) en su estación. Es un amplio mosaico de poesía en el ensayo, de abrir con tino y fuerza el gesto de invisible, esa sección de presencia. Un libro en el que, como menciona Armando Oviedo, autor del prólogo, “encontraremos temas, tópicos, hallazgos, replanteamientos bio-bibliográficos, autores rescatados sin ser rescatados; un libro que plantea que la literatura mexicana es, como toda historia, una eterna sospecha y necesita cazadores al acecho”.
