El periódico más influyente en la opinión de Estados Unidos (y una de las cabeceras más importantes del mundo), The New York Times, publicó el pasado sábado 5 de diciembre en primera plana —no lo hacía desde el mes de junio de 1920— un llamado a ampliar la regulación de la venta de armas para evitar los asesinatos masivos en el país.

El encabezado del editorial “Epidemia de armas” habla por sí mismo de la importancia que el rotativo da —tras la reciente masacre de San Bernardino, en California, donde dos supuestos terroristas habrían adquirido armas “legales” para asesinar a 14 personas y dejar 21 heridos en un centro social para discapacitados— a la regulación del acceso indiscriminado a la compra de armas, cuestión a la que la National Rifle Asossiation (Asociación Nacional del Rifle) y buena parte de los republicanos se oponen.

El asesinato masivo de civiles es descrito por The New York Times como “una afrenta moral y una desgracia nacional” que los ciudadanos estadunidenses puedan hacer una compra legal de armas “específicamente designadas para matar con brutal rapidez y eficiencia”. En el histórico desplegado —firmado por el editor del periódico, Arthur Sulzberger Jr.— se sugiere “una drástica reducción del número de armas de fuego” y “la eliminación” de varias categorías tanto de armas como de municiones.

Consciente de que el argumento de los defensores de la Asociación Nacional del Rifle, y los políticos afines, estriba en la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América —parte de la llamada Carta de Derechos aprobada el 15 de diciembre de 1791— en la que, en síntesis, se le da el derecho a la posesión de armas a los ciudadanos (con muy pocas limitaciones), Sulzberger Jr. apunta que ningún derecho “es ilimitado e inmune frente a una razonable regulación”.

En la parte central del alegato de The New York Times, su editor recuerda que las armas usadas por los asesinos seriales —como las utilizadas por la pareja sospechosa del crimen masivo de San Bernardino— no son armas convencionales, de defensa personal, sino que son “armas de guerra”. Muchos defensores del acceso indiscriminado a las armas están —dice Sulzberger Jr.— tratando de distraer a la opinión pública estadunidense con la palabra terrorismo. “Vamos a ser claros: estos crímenes seriales son todos, a su manera, actos de terrorismo”, apuntó el editor del rotativo neoyorquino.

La propuesta del editorial en primera plana en tantas décadas, termina diciendo Arthur Sulzberger Jr., es para dejar un mensaje fuerte y un sentimiento visible de frustración y angustia por la incapacidad de Estados Unidos “para llegar a un acuerdo sobre el flagelo de las armas”. Lo que nadie está seguro es de que los políticos republicanos, con Trump a la cabeza, le habrán de hacer caso.