El rector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo Padilla, entregó un doctorado honoris causa post mortem a Eduardo Galeano (1940-2015). Lo recibió su viuda, Helena Villagra, quien al tomar la palabra relató lo siguiente: “el 13 de abril, (día del fallecimiento de Galeano) mientras me preparaba para la sencilla ceremonia que Galeano pidió y que era mezclar sus cenizas con el Río de la Plata, leí la noticia de que Ayotzinapa llegaba a Montevideo a finales de mayo para una marcha a la Embajada Mexicana en la capital de Uruguay.”
“Claro que hubiéramos ido los dos –continúa la Sra. Galeano—después de la angustia que vivimos juntos debido a ese 26 de septiembre. Allí estuve, con mi banderita negra, porque en el negro se unen todos los colores y habla el silencio. En esa marcha al mediodía llegamos a la Embajada de México, vallada, rodeada de policías que la custodiaban y me pregunté ¿de quién se defienden, de las mamás y los papás que vinieron? ¿de los que queríamos solidarizarnos con su dolor y con su lucha? y en esa frontera del absurdo hacia el final del acto, una muchacha con paliacate y acento mexicano recitó “Los nadie”, (de Galeano) por pura casualidad yo estaba pegadita a ella, anónima en el marco de ese silencio y nos recordó a todos el sentido de todo”.
Y más adelante, dijo: “Caminamos Eduardo y yo, juntos, muchas veces en el México-abrazo, el México generoso, el que acogió a refugiados de tantos mundos, y a tantos amigos que huían de las dictaduras del Sur.
“El México lindo de las calacas y los boleros, el de la comida rica y picosa, que tanto nos gustaba
“Me acuerdo de las andanzas nuestras en los campamentos de Oventic, (Chiapas) con Carlitos Monsiváis tan querido
“Cuando el abrazo en La Realidad [con los neozapatistas] hacía evidente un tiempo de la conciencia que trataba de cambiar el tiempo de las cosas que pasan.
“También, en la celebración de ese encuentro, que lo llamaran “el recogedor de lluvias” y “de las palabras de abajo”.
“Y en otro lugar olvidado del mundo, donde la libertad es el anhelo de todos los días, para los saharauis, hijos del desierto, Eduardo era el hermano “perseguidor de las nubes”.
“Y agradecer a otro amigo entrañable de Eduardo y mío, otro Carlos, Carlos Beristain.
Y añadió, “para concluir”:
“Señor rector, integrantes de la comunidad de la Universidad de Guadalajara, queridos amigos:
“Con el dolor de su ausencia, que lo trae con amor hasta el presente, con el orgullo de haberlo elegido como mi compañero de vida, en nuestros andares 40 años juntos.
Con Eduardo, siempre coherente, entre lo que sentía. vivía, pensaba y escribía.
Por su permanente voluntad de belleza y de justicia,
Y para juntar fueguitos, como la historia de Neguá, para que la vida se encienda.
Como sé que Eduardo lo hubiera querido.
Dedico, en su nombre, este doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de Guadalajara, a la lucha de esos Nadies, doctorados en Ayotzinapa, los queridos 43, que le han enseñado al mundo que los músculos de la conciencia son antídotos para el espanto, y que en estos tiempos donde no abunda la solidaridad, hay muchos corazones decentes que laten juntos.
Gracias Eduardo, el “abeio” de nuestros nietos, mi querido Dudú, por todas esas vidas, las de tantos “nadies” del mundo que se reconocen en tus letras.
