MA. DEL ROCÍO PINEDA GOCHI

A principios del mes de noviembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) redujo de nueva cuenta sus estimaciones de crecimiento para México en el 2015 y 2016. El reporte semestral del panorama económico pronosticó que nuestra economía crecerá este año 2.3%, cifra menor a la prevista de 2.9%. Para el año 2016, la estimación se ajustó a 3% desde el 3.5% anterior y liberó su primera estimación de crecimiento para el 2017, que será de 3.3%.

En el mismo sentido, el Fondo Monetario Internacional recortó su pronóstico bajando a 2.25% la expansión de este año, desde el 2.3% que proyectaba en octubre, y para el 2016 lo recortó a 2.5% de 2.8%. Es importante destacar que  esta reducción obedece a la integración en sus cálculos de los criterios económicos del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2016, recién aprobado por la Cámara de Diputados y a la propia estimación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que se mantiene en el rango de 2.0% a 2.8%.

Analistas internacionales coinciden que buena parte de estos ajustes se explican por la complejidad del entorno internacional, marcado por la caída de los precios internacionales del petróleo y por la proliferación de mayores conflictos geopolíticos en diferentes regiones del mundo, lo cual ha implicado importantes desafíos, tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes. Ante este escenario las  proyecciones de la economía mundial para el periodo apuntan a una tasa ligeramente superior a 2014, con una expansión del Producto Bruto Mundial de 3.1% y 3.3% en 2015 y 2016, respectivamente.

Particularmente en el caso de las economías en desarrollo, estas condiciones afectan en gran medida a la estabilidad macroeconómica, debido a que las debilidades internas interactúan con las vulnerabilidades financieras externas, repercutiendo en una débil actividad económica, las reversiones de flujos de capital y el endurecimiento de las condiciones financieras domésticas. Lo anterior, genera escenarios de riesgo generalizado de desaceleración y magros crecimientos económicos en periodos prolongados.

Sin ánimos triunfalistas y entendiendo la complejidad internacional, México ha demostrado ser una economía sólida, con la capacidad de enfrentar los embates económicos. De acuerdo al Estudio Económico 2015 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la economía mexicana está creciendo por encima del promedio, no solamente los países de la OCDE, sino de América Latina y algunos países del Caribe, que estiman un crecimiento de 0.5% en 2015. América del Sur tendrá una contracción de -0,4%, Centroamérica y México un crecimiento de 2.8%, y el Caribe de 1.7%. A nivel de países México alcanzará un PIB de 2.4%, Argentina de 0.7%, Brasil con una contracción de -1.5% y Venezuela una disminución de -5.5%.

Si bien las estimaciones pueden variar, lo cierto es que en el gobierno federal y en el Poder Legislativo se ha actuado con mesura y responsabilidad. Este dicho se sostiene con la aprobación del Paquete Económico y el PEF 2016, que se caracterizan por la reducción del gasto público; incentivos para el ahorro y la inversión; una política macroeconómica fiscal y monetaria que preserva la estabilidad económica; una reingeniería del gasto mediante el presupuesto Base Cero; y medidas para evitar la malversación de recursos públicos, por mencionar algunas. Todos ellos son elementos, que aunado a las reformas estructurales ya implementadas, impulsarán y detonarán el crecimiento económico sostenido.

SECRETARIA DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

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