Arturo Escobar
Teodoro Barajas Rodríguez
La justicia en nuestro país es un profundo dilema, cada quien la interpreta a su conveniencia para dar cauce a un cinismo atroz; muchos casos ilustran este asunto pero ninguno como el de Arturo Escobar, uno de los propietarios, tenedores y promotores del Partido Verde Ecologista de México.
El cinismo es el ingrediente de las mil y una farsas a las que se ha vuelto adicto un amplio sector de la clase política como se hace cada vez más evidente en la elite, como dicen algunos estudiosos de la teoría política. Si un partido infringió la legislación electoral de manera frenética fue el denominado Verde Ecologista, el mismo que suele cambiar de voceros porque su accionista principal Jorge González Martínez tiene una reserva cultural tan sumamente precaria que prefiere no hablar.
El día de los comicios de la última jornada electoral federal tramposamente hicieron propaganda a través de personajes públicos de la farándula o del futbol, en una táctica al margen de la ley; multa tras multa no amainaron las ansias infractoras de los supuestos “ecologistas”.
Arturo Escobar fue recientemente imputado por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) por la presunción de haber recibido recursos financieros de dudosa procedencia, esto en el caso de la repartición de las tarjetas de descuento Premia Platino, un hecho del dominio público.
El titular de la Fepade, Santiago Nieto Castillo, fue cuestionado al ventilarse sus ligas laborales previas a su cargo de fiscal con la bancada perredista del Senado, tras ello se desdibujó mediáticamente la acusación y una jueza señaló que no se acreditó el tipo penal solicitado (sic).
Esa determinación legal no disminuye la actuación que ha caracterizado al PVEM que es ya el segundo partido en la historia en hacerse acreedor a las más altas multas por su desdén enfermizo al cumplimiento de la ley.
El PVEM es una especie de empresa familiar que nunca ha definido una verdadera ideología, simplemente hace negocios; lo mismo se alió en Michoacán con Lázaro Cárdenas Batel y el PRD, con Vicente Fox y el PAN en el 2000 que con el PRI desde el 2003.
Arturo Escobar y Vega ha sido diputado y senador respaldado por la franquicia del PVEM, designado antes de las acusaciones de Fepade flamante subsecretario de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, de ese calibre fue su premio. No hay memoria corta, ya no digamos dilatada.
De acuerdo con la Real Academia Española la palabra cínico es un adjetivo que se aplica a “una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”, así de contundente; tal vez por eso muchas voces se han pronunciado en el sentido de que en México la clase política se enfila a pasos agigantados a convertirse en un grupo de cínicos.
Independientemente de las resoluciones legales que beneficien al PVEM en lo presente o en el futuro ya nadie le borrará la mácula que en el camino se ha engrandecido, de ser una organización discutible, proclive al escándalo y a la rapacidad de sus directivos. La realidad así lo indica.
