Romper las inercias es uno de los actos más difíciles del ser humano, más aún cuando esos paradigmas te facilitan las cosas, aunque en ese camino te “brinques” algunos pasos.

Para unos, es una forma de avanzar; para otros, se engloba en una sola palabra: corrupción. Lapidarios, los mexicanos les encanta señalar y acusar, aunque el grueso de las veces se nos olvide que tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.

Es decir pues que para que haya un corrupto, obligadamente se requiere de un corruptor. Sí, siempre habrá quien nos pida el moche, el que te cruces con la del puebla, los cinco pesos para el refresco o cualquier cantidad más de referencias históricas a quienes acostumbrar “pagar” favorcitos, pero de uno depende darle o no.

Más que una obligación laboral o un programa de gobierno, estamos hablando de conciencia ciudadana o mejor dicho, la falta de una conciencia ciudadana en ese renglón tan delicado y difícil.

México enfrenta el señalamiento de que es uno de los países más corruptos; y de inmediato el pensamiento relaciona corrupción con gobierno. Pero si existe el fenómeno no es necesariamente por una responsabilidad privativa de los servidores públicos, mucho, muchísimo tiene que ver la persona que acepta dar el moche o que paga para agilizar tal o cual trámite. Y nos quejamos.

Si pudiéramos dimensionar en dinero todo lo que cuesta la corrupción al país, quizás seríamos menos atolondrados y quejosos de doble moral, que lo que somos, porque eso sí, el mexicano es bien bueno para expiar culpas y decir que está hasta el gorro de la corrupción, pero no hace nada más que eso: quejarse.

Daniel Valles, uno de los fundadores del movimiento social “Avanza sin Tranza”, aseguró que la corrupción le cuesta a México el 9 % de su Producto Interno Bruto (PIB), es decir 890 mil millones de pesos anuales; es el número 106 de los 177 países más corruptos del mundo. En el contexto nacional, la Ciudad de México se ubica como la entidad más corrupta con 95 puntos; luego está Puebla con 91.5, Michoacán con 92, Chihuahua con 83. 4 y Baja California con 83.4.

Valles dice que a cada mexicano, la corrupción le cuesta 165 pesos diarios, y ejemplifica diciendo que con ese dinero, bien se podrían construir 12 líneas del metro en la Ciudad de México, 28 estadios de futbol como el del Monterrey, o 40 presas como La Yesca, en Nayarit.

Por eso aquí cada vez somos más los corruptos y… por cierto, más pobres.

No pagar multas, trabajar menos tiempo (cala fuerte esto en la burocracia), cubrir mordida para agilizar trámites, pagar cuotas, darle los 20 pesitos al policía para que nos deje huir, y así, mil ejemplos más, dan cuenta del gran bagaje del mexicano a la hora de evadir responsabilidades.