Mexicanos que cursan una de las más frecuentes enfermedades crónico-generativas más impactantes de la última década como es la diabetes, asociada a un sinnúmero de padecimientos más, fueron víctimas de nueva cuenta de la llamada publicidad engañosa.
La aparición de una supuesta vacuna milagrosa que cura la dulce enfermedad que afecta al menos al 14 por ciento de los adultos en México y que es considerada la principal causa de muerte en nuestro país, infundió esperanza en todas esas personas que, por descuido o herencia, no pueden controlar la glucosa en su sangre.
Este padecimiento, que no es privativo de los mexicanos (se dice que en todo el mundo hay más de 415 millones de diabéticos), no tiene hasta hoy un tratamiento más efectivo que el que se aplica en las instituciones de salud públicas y privadas y que representa uno de los gastos más altos del gobierno federal.
La preocupación de las autoridades sanitarias luego de que una empresa lanzara un producto farmacéutico, avalado por distintas fundaciones, y que se denominó como la panacea mágica para acotar el crecimiento de la enfermedad, no alcanzó sin embargo a prevenir los efectos de un anuncio de tal magnitud.
El engaño fue, además de doloso, muy costoso. La esperanza no tiene precio y el impacto no puede frenarse porque hay quienes afirman que el tratamiento sí es efectivo y que la negativa a reconocer la grandeza del descubrimiento, es para hacerle mala fama.
Los cuestionamientos crecen tras difundirse que la empresa que lanzó la vacuna milagrosa contra la diabetes recibiría una multa económica de poco más de un millón de pesos por su publicidd engañosa.
El ordenamiento derivado de la acción fue parejo para todas las entidades: hay que alertar a la población sobre el falso productivo, detectar su oferta y suspenderla en cualquier establecimiento donde se registre.
Las autoridades sanitarias confirmaron el procedimiento engañoso: al paciente se le extraen alrededor de cinco centímetros de sangre; se introducen en 55 mililitros de solución sanguínea, llevarlo a refrigeración a cinco grados centígrados y cuando se da el cambio de temperatura de 37 grados -como sale del cuerpo a la nueva temperatura, se produce un choque térmico y lo que era un problema se convierte en una solución dentro del frasco, de tal modo que se corrige la falla genética y metabólica o inmunometabólica en la vacuna.
Cuando los médicos la van inyectando poco a poco el paciente va corrigiendo sus problemas.
A los creadores del milagro se les olvidó decir que su procedimiento no cumple con las reglas sanitarias y que no está autorizado por las normas sanitarias en el mundo.
La diabetes en México y en Tumbuctú es un padecimiento acentuado por las prácticas sedentarias de las personas. No hay remedio más efciente –y mágico-, que una sana alimentación, ejercicio de cotidiano y la eliminación de la ingesta de refrescos y chatarra. Esa es la cura más mágica que millones de mexicanos han despreciado a pesar de la gratuidad en su costo.
