Baja las defensas y predispone a enfermedades

 

Desde hace mucho tiempo el saber popular y el estadístico han confirmado que la soledad no es una buena compañía, si se vive en un aislamiento social no elegido, en el que la persona solitaria se sienta ajena al mundo que lo rodea o perciba hostilidad.

Los psicólogos y neurofisiólogos han detectado que quienes se sienten aislados socialmente (no necesariamente solos) tienen más probabilidades de caer enfermos, lo que ignoraban era la forma en que ocurría esa propensión, pero ya se ha descubierto la causa.

La enfermedad acompaña a la soledad

Un estudio publicado en las Actas de la Academia Estadounidense de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés), realizado por investigadores de las universidades de California y de Chicago, encabezados por John T. Cacioppo y Steven W. Cole, revela que la soledad puede producir cambios genéticos que predisponen a enfermedades.

En un estudio publicado en 2007, Steven Cole, miembro del Centro de Psiconeuroinmunología de la Universidad de California de Los Angeles (UCLA), y Cacioppo, del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago, demostraron que “cambios en la expresión genética dentro de las células, relacionadas con el sistema inmune, se vinculan de manera específica con la experiencia subjetiva que las personas tienen de su soledad”. A este fenómeno los investigadores le llaman Respuesta Transcripcional Conservada ante la Adversidad (CTRA, por sus siglas en inglés)

Sin embargo, advirten que estos resultados no dependen del número de personas que conozca alguien, sino de que sienta cercanas a algunas de esas personas en determinado momento. Es decir que alguien puede estar rodeado de gente, pero sentirse solo, por lo que la sensación de soledad es más perjudicial que la soledad en sí misma.

Cacioppo refirió en 2007 que las malas experiencias del organismo de los solitarios se acumulan y bajan las defensas, lo cual predispone a enfermedades, tanto externas (un resfriado, por ejemplo), como internas (padecimientos autoinmunes).

Lo que ignoraban los investigadores era cómo se originaba esa reacción del organismo a la soledad, por lo que durante cinco años realizaron un estudio con 141 voluntarios de Chicago y con macacos Rhesus (Macaca mulatta), que son los primates más sociables.

Los glóbulos blancos de la soledad

En los macacos forzados a la soledad y en los voluntarios se analizaron los genes relacionados con los monocitos (un tipo de leucocitos o glóbulos blancos), que tienen como principal función engullir o fagocitar microorganismos como bacterias y restos celulares.

Los investigadores encontraron que aquellas personas que se reconocieron socialmente aislados tenían el fenómeno CTRA: mostraban aumento de la respuesta inflamatoria y descenso en los genes relacionados con la reacción ante los virus.

“También hemos visto que vivir en soledad predice una expresión de los genes tipo CTRA medida un año más tarde. Estos resultados son específicos del sentimiento de soledad y no se pueden explicar por una sintomatología depresiva, estrés o apoyo social”, ha referido Cacioppo.

Con los macacos se confirmó este planteamiento, ya que se encontraron en su orina niveles elevados del neurotransmisor noradrenalina, que interviene en el estado de alerta ante amenazas (estrés); en el sistema inmune estimula las células madre de la médula ósea para que generen y liberen más monocitos, los cuales llegan a la circulación inmaduros, lo que causa un mal funcionamiento; por lo tanto, el organismo se vuelve más susceptible a las infecciones y a las enfermedades autoinmunes.

Por supuesto que en ciertos momentos las personas se pueden sentir solas, pero eso no significa necesariamente que tengan un aislamiento social. Para identificar esta situación, la UCLA creó una escala de soledad, que se obtienen respondiendo a diez preguntas:

  1. ¿Con qué frecuencia se siente triste haciendo cosas solo?
  2. ¿Con qué frecuencia siente que no tiene a nadie con quién hablar?
  3. ¿Con qué frecuencia siente que no puede tolerar estar tan solo?
  4. ¿Con qué frecuencia se siente como si nadie lo comprendiera?
  5. ¿Con qué frecuencia se descubre esperando que alguien lo llame o le escriba?
  6. ¿Con qué frecuencia se siente completamente solo?
  7. ¿Con qué frecuencia se siente incapaz de contactarse o comunicarse con quienes se encuentran a su alrededor?
  8. ¿Con qué frecuencia se siente necesitado de compañía?
  9. ¿Con qué frecuencia siente que le resulta difícil hacer amigos?
  10. ¿Con qué frecuencia se siente excluido o dejado de lado por los demás?

Se debe responder con esta escala: 1=Nunca; 2=Rara vez; 3=Algunas veces; 4=Siempre. Las puntuaciones mayores de 20 equivalen a “soledad”. Así que quienes tengan más de 20 deberán tratar de salir de su aislamiento o estar más atentos de su salud.

reneanaya2000@gmail.com

f/ René Anaya Periodista Científico