Paseos y plazas, ¿de bolsillo?
La ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadie
y que ahora me dicta estas palabras insomnes.
Octavio Paz
Cuarenta años después de su aparición en la Ciudad de los Rascacielos, el loable concepto del pocket park, ideado como rincón de verdor en solares abandonados entre edificios, se ha convertido en una obsesión de la adminsitracion CDMX que encuentra en todo espacio público un área de “oportunidad” para imponer su marca comercial y para inundar con ello el paisaje urbano, mostrando una faceta más de su incorregible autoritarismo.
Si los llamados “parques de bolsillo” son la expresión de la defensa vecinal de espacios verdes que contrastan con la avidez inmobiliaria de aprovechar el más mínimo resquicio para construir o redensificar las construcciones existentes para así despojarnos de la amplitud del cielo y del horizonte, generando verdaderos “cañones de cemento, cristal y acero” —como ocurrió en Nueva York—, la Autoridad del Espacio Público del Distrito Federal ha desvirtuado los orígenes de esa reivindicación vecinal y hoy apuesta al efectismo arquitectónico creando plazas en donde hubo jardines o “parques lineales” en donde antaño se pasearon nuestros ancestros.
Por ello existe enorme preocupación ante el anuncio de que, en el paseo de La Viga, ordenado en 1785 por el virrey De Gálvez y ejecutado por el virrey De Revillagigedo en la acequia que conducía las aguas de la laguna de Chalco al lago de Texcoco, se esté construyendo una obra sin consenso vecinal.
El gobierno de la ciudad ignora la profunda tradición que los vecinos originarios, antiguos refugiados xochimilcas catequizados por los frailes del templo de San Francisco Tultenco, supieron aprovechar para disponer de los parajes del canal como escenario de comidas campestres y festividades aderezadas por las delicias culinarias que aún subsisten, y que fueron disfrutadas por los habitantes de la capital, tal y como lo testimonian crónicas y pinturas de la época.
Ese antiguo canal, cubierto de asfalto por una modernidad mal entendida, pretende ser maquillado —por otra “modernidad” peor asimilada—, bajo la figura de “parque lineal” que albergará un multiforo con gradas y áreas para dar clases de zumba, yoga, espacios para patinetas, asoleaderos con camastros y una “sala digital” al aire libre.
De repoblar el espacio con árboles nada se habla, seguramente la autoridad aplicará la misma receta que despobló la Plaza Miravalle y el Jardín Tabasco de muchos muchos de ellos en beneficio del concreto, de igual manera que en los años sesenta del siglo pasado, —mientras los neoyorkinos defendían los “parques de bolsillo”—, otro gobierno autoritario terminó con las “hileras de cipreses, fresnos y chopos que movidos por el viento forman un agradable murmurio” como describió Manuel Rivera Cambas al tradicional Paseo de la Viga en su obra México pintoresco.
Ante la miopía que la Autoridad del Espacio Público exhibe en sus obras, es una urgencia política recuperar el diálogo en la ciudad con la que Paz hablaba cuando no hablaba con nadie.
