Agustín Basave: mensaje a los partidos

En México todos los partidos políticos se han convertido en un jugoso negocio para sus líderes. Sobre todo para aquéllos que son vitalicios, como son los casos de Morena, propiedad de Andrés Manuel López Obrador; PVEM, cuyos dueños son Jorge Emilio González Martínez y sus cuates; Movimiento Ciudadano es de Dante Delgado Ranauro, y el escuálido Panal, antes franquicia de la que era cacique absoluta Elba Esther Gordillo y que actualmente se reparten los pillos de Gabriel Quadri de la Torre y el exideólogo de la maestra, Luis Castro Obregón.

El PRI, partido actualmente en el poder, es conducido y financiado desde Los Pinos. Hasta antes de que llegara la alternancia a la Presidencia de la República con el arribo de Vicente Fox, la regla priista era que los gobernadores no dejaban sucesor. El priismo definía a los candidatos a gobernador previo acuerdo con el que fuera presidente de México, personaje a quien llamaban grotescamente “primer priista del país”.

El PAN también se ha convertido en un partido-negocio. Hace mucho tiempo que el partido fundado por Manuel Gómez Morin dejo de ser un referente de democracia interna en las organizaciones políticas nacionales.

Hoy al PAN lo dominan las llamadas corrientes, que no son otra cosa que la versión derechista de las tribus que hasta la fecha tienen secuestrado el PRD, partido que nació cuando Heberto Castillo y Jorge Alcocer le cedieron el registro al líder del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas, quien no pudo alcanzar el número de asambleas para fundar su nueva organización.

Una de esas corrientes del PAN es la de Gustavo Madero y sus eficaces operadores, algunos de ellos diputados para cobrar moches. En otra corriente está Ricardo Anaya, quien utiliza su cargo en la dirigencia nacional del PAN para construir su candidatura presidencial.

La vieja guardia del panismo donde vegetan militantes de la talla de su excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos o el respetado Fernando Gómez Mont, ha sido desplazada de cualquier toma de decisiones, porque esas personas ya no están en el negocio en que se ha convertido el partido blanquiazul.

Movimiento Ciudadano es el negocio de Dante Delgado, quien sin la participación de sus candidatos externos como Enrique Alfaro, no habría obtenido los resultados que tuvo el pasado 7 de junio, pues del 2012 al 2015, su porcentaje de votación se incrementó de un 3.23% a un 6.10%.

En el PRD, hasta la debacle que propició la impericia del Chucho menor Carlos Navarrete, los manejos cupulares no eran diferentes a los de los otros partidos-negocio que existen en México.

Los Chuchos pasaron de ser unos discretos colaboracionistas del gobierno federal, a ser un descarado instrumento de venta de voluntades legislativas y corporativas. Al PRD lo hundieron acciones vergonzantes de entreguismo de los inmorales dirigentes Carlos Navarrete, Guadalupe Acosta y Jesús Zambrano. Ellos dejaron el partido en la peor de sus crisis y como uno de los más rechazados a escala nacional.

Por su constancia en mantener vigente su compromiso social, Jesús Ortega Martínez, el que en un tiempo fue considerado el Felipe González mexicano, es el único de los Chuchos que empata con el pensamiento del nuevo dirigente Agustín Basave.

Ciertamente Agustín Basave no es un líder que tenga ya un gran arrastre como el que posee López Obrador, ante una sociedad harta de la ineficiencia y la corrupción que el PRI y del PAN siguen evidenciando en sus oportunidades de encabezar el Ejecutivo federal.

Pero Basave es un político que conoce el proceso de formación de los partidos, y con estas prendas de dirigente estudioso y que está ante la gran prueba de llevar a la práctica sus ideas de organización de la demanda social. En caso de lograr ese aterrizaje de la teoría a la práctica, es muy probable que en 2018 el PRD, con Basave a la cabeza, supere los casi 14 puntos que obtuvo en los comicios de junio pasado.

Para ilustrar lo anterior, vale la pena destacar que en el contenido del libro: La cuarta socialdemocracia. Dos crisis y una esperanza de Agustín Basave, un ensayo en que recorre brevemente la historia de esta tendencia política, la cual, de acuerdo con el autor, construyó el llamado Estado de bienestar o benefactor y que, a partir de los años ochenta del siglo pasado, fue gradualmente orillada hacia la derecha; es un ejemplo de que puede ser posible que, en México, una praxis política fundada en la experiencia mencionada ayude al país a superar sus crisis por la vía de la democracia verdadera.

El libro de Basave fue presentado en la FIL de Guadalajara por Jorge Castañeda y José Woldenberg.

El excanciller Jorge Castañeda afirmó que la mayoría de las izquierdas en la actualidad valoran y tienen un compromiso explícito con la democracia, aunque de cuando en cuando aparecen cortes revolucionarios (radicalismos y populismos como los que caracterizan a Andrés Manuel López Obrador).

José Woldenberg afirmó que las candidaturas ciudadanas o independientes son un mecanismo correctivo, bueno y positivo, no obstante, no sustituyen a los candidatos de los partidos.

“La presencia de los independientes obliga a los partidos a mejorar, no creo que deba hacer a un lado la clase política. No se puede sustituir el parlamento, ni al jefe de gobierno, ni al jefe de Estado. Se necesitan medidas correctivas para los excesos y abuso de poder de la partidocracia, lo genera la crisis de la democracia que se da en todo el mundo”, argumentó.

Basave ha llegado a dirigir el PRD en los tiempos en que la exigencia de la sociedad por que la democracia se convierta, efectivamente, en un gobierno honesto y efectivo, está transformando formas y mensajes de todas las organizaciones políticas nacionales. Su reto será acotar los intereses de las tribus. No pretende, como ya lo ha expresado, eliminar ninguna manifestación interna de sus correligionarios. Pero lo que está claro es que Basave pretende construir un partido atento a la demanda social y con compromisos con el electorado.

Su libro es un adviento del tipo de liderazgo que ejercerá al frente del PRD.